23/04/2026
En este día tan especial, Día del Libro, quiero compartir un testimonio al que he titulado:
El Árbol
Hace aproximadamente un año, comencé a tener sueños y visiones de árboles en distintas formas. La mayoría de las veces eran verdes y frondosos; en otras ocasiones, amarillos, como el lapacho, y también verdes con forma de ciprés.
Esto despertó una profunda curiosidad en mí, porque era algo constante: si no aparecía en sueños, lo veía en visiones, incluso mientras manejaba mi vehículo. Sentía que había un mensaje, pero no lograba entenderlo.
Muchos de esos árboles tenían una forma similar al logo del Banco GNB. En una ocasión, incluso investigué qué árbol representaba ese logo, preguntando a una amiga que trabaja allí y también buscando información en internet.
En otro momento, viajé a la zona de Bella Vista, en un área rural, y pude observar muchos árboles amarillos, muy parecidos a los que había visto en mis sueños. Esa experiencia también la compartí con el esposo de mi ahijada, ya que fuimos juntos a ese lugar donde viven sus familiares.
Solía conversar sobre esto con un gran amigo, el Pastor Félix, de la iglesia evangélica. Aprovecho para mencionar que, aunque soy de fe católica, tengo muchos amigos evangélicos con quienes comparto y también aprendo mucho.
En una oportunidad, el Pastor Félix me dijo:
“Fernando, el árbol frondoso aparece en la Biblia, especialmente en el Antiguo Testamento, en el sueño de Nabucodonosor. Y el árbol de tu sueño sos vos. Significa que crecerás mucho y que muchas personas dependerán de vos, así como los árboles dan sombra, vida, aire, agua y frutos”.
Esa palabra no solo quedó en mi mente, quedó guardada en lo más profundo de mi corazón.
El día del lanzamiento de mi libro, recibí otra revelación. Alguien dijo:
“Escribir un libro es como plantar un árbol: crece, da frutos, se multiplica y nunca termina. Incluso si lo cortan, sus semillas harán nacer nuevos árboles”.
En ese momento, todo cobró sentido.
Comprendí el significado de mis sueños y visiones.
El árbol era yo.
He crecido como persona y como empresario, y así como un árbol sostiene vida, hoy muchas familias dependen de mi empresa, ya que a través de ella llevan el pan de cada día a sus hogares.
Con la bendición de Dios, he dado frutos. Y esos frutos también están plasmados en mi libro: experiencias que pueden servir a otros.
Ese libro es semilla.
Semillas que hoy ya están germinando y que seguirán dando vida incluso el día en que ya no esté en esta tierra.
Porque cuando sembramos con propósito, nuestro legado trasciende el tiempo.
Aprovecho esta oportunidad para felicitar a los amantes de la lectura y a los escritores, que en cada palabra dejan parte de su alma.
Recordá: la lectura nos nutre de sabiduría.
Leé siempre e inculcá en tus hijos, sobrinos y nietos el hábito de la lectura.
Porque la verdadera grandeza no está en crecer, sino en lo que dejás creciendo.