05/09/2026
Hubo una época en que la abundancia de la langosta caribeña en la isla era tal que no había casa que no pudiera acceder a ella.
Hasta se usaba de carnada para pescar.
Pero llegaron los años 50, y con ellos, el turismo y el cambio de percepción.
La langosta pasó a ser manjar exótico. Explotada y exportada.
Las consecuencias quedaron a la vista.
Mientras su precio seguía subiendo, cada vez había menos langostas para pescar y las que quedaban eran más y más pequeñas.
Urgía actuar.
En los años 80 se establecieron reglas claras para protegerla:
→ se prohibió la captura de hembras con huevas
→ se obligó a respetar la talla mínima necesaria para permitir su reproducción
→ se vetó el uso de arpones y ganchos que dañaban al ecosistema
→ y se exigió que las langostas llegaran enteras a tierra, para asegurar trazabilidad.
La langosta caribeña, de a poco, logró resurgir.
La naturaleza responde cuando la cuidamos. Se cuida también con las decisiones que tomamos en la mesa.
Ingredientes sostenibles y nuestros. Así es como elegimos cocinar en Cocina Abierta.