26/06/2026
Anoche, mientras conversaba con mi familia y veía a mi hijo tranquilo, escuchamos un estruendo fuerte. Era una bomba que había explotado en la zona de El Golf, en Trujillo.
Mi hijo se asustó muchísimo. Llegó a hiperventilar y me tomó varios minutos poder calmarlo. Y en ese momento me hice una pregunta: si nosotros, estando relativamente lejos en el Centro Histórico, sentimos así el impacto, ¿qué habrán vivido los niños y las familias que estaban cerca?
Hace poco también estuve con mis hijos en el Parque César Vallejo y, mientras compartíamos un momento familiar, hubo disparos cerca. Entonces uno se pregunta: ¿en qué ciudad estamos viviendo?
Hoy parece que no hay una sola zona completamente segura en Trujillo. El daño no solo lo sufren las víctimas directas. También lo sufren los niños que se asustan, las familias que ya no salen tranquilas, los vecinos que viven con miedo y todos los que estamos tratando de construir una vida normal en medio de esta inseguridad.
Como padre de niños pequeños, me preocupa profundamente el daño colateral que estos atentados están dejando en nuestras familias.
Trujillo no puede acostumbrarse a vivir así. Necesitamos exigir con más fuerza acciones reales, coordinación, presencia, prevención y resultados. Esto no es solo un problema de una zona o de un grupo de personas. Nos está alcanzando a todos.
Ojalá tomemos conciencia antes de que sigamos perdiendo lo más importante: la tranquilidad de nuestras familias y el derecho de nuestros hijos a crecer sin miedo.
CentroHistoricoDeTrujillo