18/01/2026
EL ABRAZO DE ARGUEDAS Y MARIÁTEGUI.
Rodrigo Montoya Rojas.
Serenata arguediana. Celebración del nacimiento de nuestro amauta.
Encuentros arguedianos. Margot Palomino, 38 años después.
16 enero 2026. Casa del maestro, en Lima.
Este es un Encuentro arguediano, treinta y ocho años después del primero. Debemos celebrar también la continuidad del esfuerzo de Margot Palomino. Su iniciativa personal se ha mantenido a lo largo del tiempo, pese a no tener aún una casa permanente. Estamos muy cerca que tal vez en este año tenga por fin los Encuentros Arguedianos un nido propio en Barranco. Pero esa primicia no la tengo que dar yo, sino que la dará ella en su momento. Simplemente celebro los treinta y ocho años. Y eso es algo que merece un enorme aplauso porque iniciativas de este tipo son muy pocas. Compromisos de personas a lo largo del tiempo, por muchos años, sin mediar dinero, sin mediar posiciones, sin mediar diplomas, salvo simplemente una vocación profunda, una identificación con la obra de una figura mayor de las letras peruanas, de la antropología peruana, de la música peruana.
Margot Palomino entró a su devoción por Arguedas a partir de una puerta, que es la música. Es inimaginable pensar que Arguedas hubiera hecho lo que hizo, escribir lo que escribió y contar cuanto pudo contar, si no hubiera tenido a la música como una especie de pilar, de muro que lo sostuvo, desde que seguramente fue cargado en la espalda de una mujer que le habló el quechua y que le dio los primeros sonidos de la lengua, que le dio además las primeras palabras de una lengua en la que los sentimientos se expresan con una facilidad extraordinaria y con una dulzura que quienes hemos nacido en los Andes y hemos reproducido esta experiencia tenemos el más vivo recuerdo, porque antes de hablar bien, ya sabíamos cantar.
Arguedas es exactamente hechura no solo de su madrastra, como tantas veces lo dijo, sino, es hechura de la música. Sin la música, José María vivió la música profundamente, la sintió, hasta la conmoción, hasta el llanto, y hasta la alegría extraordinaria, hasta un Wifala brillante, porque Arguedas pasaba de una emoción a la otra, como el pueblo pasa de una emoción a la otra. Y esa energía la tuvo José María hasta el último momento de su vida. Cuando preparaba su final, le dijo al rector de la Agraria y a los alumnos, que ojalá cantasen y tocasen las personas que lo querían. Mencionó a Jaime Guardia, a Máximo Damián. Hubo una mujer notable, Rascila Ramírez, que cantó para él en el cementerio el día del Entierro, con una emoción maravillosa. Ella conocía la pasión de Arguedas por la música. José María la escogió para que fuese testigo de su matrimonio, el segundo, con Sybila Arredondo. Cuando una persona escoge a otra como testigo de su matrimonio, lo hace porque esa persona significa mucho. Rascila cantó para José María con una dulzura extraordinaria desde que se conocieron. Ella se ha ido del mundo hace no más de dos meses, a los ciento cuatro años, con una fuerza extraordinaria, tenía una gran lucidez, cantaba y cantaba. No podía caminar, pero cantaba, y hablaba en quechua. A los arguedianos nos decía con dulzura, hermanos, cómo hemos guardado la memoria de Arguedas, y hay que seguir guardándola.
Es la primera vez que reconozco el mérito de Margot por su iniciativa de promover los Encuentros arguedianos. Creo que haber estado desde el comienzo de los encuentros, he venido muchas veces, cuantas veces me lo ha pedido ella, y espero que esta no sea, por supuesto, la última vez. Margot tiene una dulce voz, sentida, no es por gusto su preferencia por el yaraví. Y hay una diferencia entre Arguedas y Margot. Arguedas no cantaba yaravíes, a Margot le encantan los yaravíes. Se trata de gustos y los gustos pertenecen a las historias de las personas.
Arguedas era un hombre profundamente alegre. Al mismo tiempo era dolido hasta la fatiga y la depresión más grandes, pero alegre, para reírse a carcajadas, para contar chistes rojos en quechua, para distraerse, disfrutar y dar alegría a la gente, por supuesto, en privado, y de las buenas y mejores formas. Arguedas no cantaba yaravíes, no es que no los conociese, por supuesto que sabía lo que eran. Arguedas no tenía el espíritu triste de la pasión perdida irremediable que tiene el yaraví. Margot viene de una tradición arequipeña que se encuentra con una tradición ayacuchana, no solo huamanguina, que reproduce una vieja y anterior tradición que es la cusqueña, porque el Yaraví no nació en Arequipa, no es creación arequipeña, el Yaraví es una creación heroica del Cusco. Comenzó siendo el llanto por la muerte del Inca, con el dolor más extraordinario. Los curas con la inteligencia que tuvieron, sobre todo los jesuitas, descubrieron que la mejor forma de llegar a los llamados, “indios”, era mostrándoles el sufrimiento de Cristo, porque ellos sabían mejor que nadie el peso que tenía su sufrimiento por la conquista, por el mundo que perdieron. Ese mundo que perdieron los hizo llorar muchísimo. Hay un célebre harawi, el primer yaraví, el Apuyaya Jesucristo: Apu, señor Nevado, abuelo, Jesucristo. Ese sentimiento de haber perdido al Inca, con el tiempo fue no disolviéndose ni acabando, sino transformándose. La historia pequeña, individual, del amor perdido, del amor sin fortuna, del amor no correspondido, del amor mal correspondido, del amor que no pudo ser, del amor que hubiera sido precioso que fuese pero que no fue, toda esa historia va a pasar del quechua al castellano en el yaraví de Huamanga, en el yaraví de Huánuco, en el yaraví de Arequipa y en canciones como los tristes del norte peruano, en vidalas del norte argentino o en los pasillos ecuatorianos.
Margot tiene por el yaraví una pasión especial que también es la mía, Siento que el yaraví es el que más me toca, el que más me llega, porque mi padre cantaba yaravíes. Nos enseñó desde muy niños a cantar yaravíes. Ayacucho es una tierra donde hoy los niños cantan yaravíes. ¿Quién puede decirnos que los niños tienen amores perdidos que lamentar o llorar? No, esa historia todavía no la tienen, la van a tener después. Pero los niños cantan con dulzura lo que los padres cantan con ellos. No pensando en la razón que hay detrás del yaraví, para nada. Es el gesto, es la complicidad con el padre y la madre cantando yaravíes.
Margot tiene por otro lado una gran virtud. Los encuentros arguedianos han sido, son y seguirán siendo un lugar de solidaridad con todos los artistas, con los que sufren, con los presos, los perseguidos, con los golpeados, con los maltratados, con los que tienen hambre. Ella está siempre en primera línea para hacer un festival, para llamar a los amigos, convocarlos, venir y pagar una entrada, consumir algo y entregar el dinero a la viuda, al padre, a la madre, al artista que necesita salir de un problema de salud o de trabajo. Esa solidaridad es ejemplar y está desde el comienzo: soy testigo de esa solidaridad a lo largo del tiempo. No estoy hablando de lo que me contaron, ni de lo que leí, sino de lo que vi, lo que sentí a lo largo de cuantas veces he estado en los Encuentros Arguedianos como participante, o como simple oyente, o como presente para homenajear a un artista que requiere del abrazo y el aplauso amigo. Y en eso tenemos obligaciones, deberes. Y esa solidaridad la ha tenido Margot a lo largo del tiempo.
Margot es arguediana, por cultivar la lectura, la audiencia y el recuerdo de José María. Poetas, escritores, ensayistas, pintores, pintoras, han pasado por los encuentros y están en todos esos encuentros. Esa manera de mirar la música al lado de la literatura, al lado de la palabra mágica, de la poesía, es la aplicación práctica de lo que era Arguedas. Arguedas era eso. Arguediano o arguediana es la persona que tiene por el maestro, admiración, identificación y compromiso para reproducir en la vida de cada uno de nosotros lo que aprendimos del Maestro, lo que nos gustaría que quede en otras personas que no lo conocieron, que lo han leído, que lo han escuchado, pero que no tuvieron el contacto directo con él, ni esa dulzura que aprendimos a sentir a su lado.
115 años después de su nacimiento, Arguedas es, y mido bien mis palabras en decirlo, el novelista más importante en la historia del Perú para conocer y para sentir el Perú. No hay ningún otro que ocupe ese lugar en la misma posición. ¿Por qué? porque Arguedas llenó un vacío pendiente, dejado por José Carlos Mariategui. La idea inmediata que sigue a la que les acabo de presentar es esa dupla de Mariategui y Arguedas como las dos bases para sentir y conocer el Perú contemporáneo, el Perú de ayer, el Perú de hoy. Lo que dijeron ambos es poco e insuficiente para hacerle frente para estar en condiciones de hacerle frente a lo que viene en el Perú, a esta amenaza brutal que se cierne sobre el mundo por el peligro de desaparición de la especie humana y la pérdida de la vida en el planeta.
En este momento se acaba de dar un informe dando cuenta que el año 25 ha sido el año más caluroso de la historia. Así seguirá siendo el 26 y el 27 y sucesivamente, hasta que llegue un momento en que la gente no pueda respirar y no pueda vivir. Y no tendremos nada que contar porque tendremos que morirnos. No nos tocará a nosotros, a los que estamos aquí, pero a los que vienen después de nosotros, a los que serán hijos de nuestros nietos. Para ellos será el drama mayor. Es en ellos y en ellas que tenemos que pensar. Esa es la lección que nos da el mundo. Arguedas la habría visto, Mariátegui la habría sentido con la fuerza que tenían para levantar sus voces y estar diciendo, este es el momento de pelear contra ellos. ¿Quiénes ellos? Los que son responsables del calentamiento global, los que destruyen la Amazonía, los que llenan los ríos de venenos, los que despueblan los cielos de pájaros, los que le van quitando la vida a nuestro tiempo.
Ambos han sido, las personas que mejor han entendido y sentido el país. Mariátegui viene de los primeros 30 años del siglo XX. Tuvo la suerte maravillosa de irse a Italia. Volvió de Italia, como contó, con algunas ideas y una mujer: Anna Chiappe. Volvió de Europa convencido que el Perú tenía una particularidad, el 80% de su población era de pueblos indígenas. Cuanto cuando se tenía que decir sobre el Perú y hacer sobre el Perú, debía contar con ese 80% del país que no era tomado en cuenta para nada en los años 20. Partiendo de Manuel González Prada, Mariátegui puso una de las primeras piedras para decir: Lima no es solamente Perú, no es todo el Perú. El Perú es bastante más que eso. En ese camino el amauta sostuvo Las reivindicaciones indígenas de los comuneros y ayllus quechuas en el Perú forman parte de las reivindicaciones revolucionarias en el mundo. Hasta 1930 se sabía poco o nada de la Amazonía, pero estaba seguro que esas reivindicaciones debían ser tomadas en cuenta para el futuro del país, que el socialismo en el Perú sería creación heroica, no sólo con las cosas que venían de Europa y la modernidad, sino con el aporte propio de los ayllus, de los indios del país.
Hay una frase feliz de Arguedas cuando recibió el premio Garcilaso de la Vega del año 68, con un texto de dos páginas, extraordinario, que se llama “Yo no soy el aculturado”, Expresó su alegría y, dijo: En mí hubo una lucha de dos naciones, vengo de las dos naciones. Una que oprime y la otra que es oprimida. Hablando de España y del Perú, de España y de los Incas, dijo, que tenía la felicidad de hablar en español y en quechua, porque como dijo antes Garcilaso Inca de la vega “en ambas naciones tengo prendas”. La palabra prenda es una palabra castellana, que quiere decir algo propio. Prenda es sinónimo de amor, pero de amor con faldas, o de amor con pantalones: Tú eres mi prenda, te canto aquí porque eres mi prenda, te adoro porque eres mi prenda. En ambas naciones tengo prendas, en ambas naciones tengo amores, soy feliz hablando en castellano y hablando en quechua.
En el mismo texto Yo soy un aculturado, dice Areguedas: fue leyendo a Mariátegui y a Lenin que me parece haber entendido lo que era el socialismo, pero yo no sé si realmente entendí lo que es el socialismo, pero de lo que sí estoy seguro (estoy citando a Arguedas de memoria, palabras más, palabras menos) es que el socialismo no mató en mí lo mágico. Me detengo este es el punto para contar una historia de la que fui testigo y feliz oyente. Arguedas pasó por París, en 1968. Los peruanos que anduvimos en ese tiempo en París, formándonos, nos reunimos con él. Hicimos un almuerzo para él, conversamos, cantamos, hablamos de música, de poesía, de política, de canto, de libros, de amores. El almuerzo comenzó a la una de la tarde y terminó a las ocho de la noche. En ese largo almuerzo, Arguedas contó una historia maravillosa que va a permitir entender esto que Arguedas entendía contar sobre la magia y el socialismo. Allá por el año 1932, o 33, por ahí, llegaron de Puquio dos danzantes de tijeras, un arpista y un violinista. Eran monolingües quechuas; los residentes de Lucana en Lima me comprometieron para ser el Cicerone de ellos porque era el que podía traducir para ellos y por ellos. Y anduve con ellos 15 días. No me separé de ellos durante 15 días, íbamos de fiesta en fiesta, de jarana en jarana. No bebí tanto como entonces, no comí tanto como entonces, ni bailé tanto como entonces con los danzantes de tijeras. En esa época yo era miembro de una célula de simpatizantes del Partido Comunista. Durante 15 días no aparecí por mi célula de simpatizantes. El responsable de la célula me llamó al orden 15 días después, porque en esos 15 días había olvidado mis obligaciones. Me llamó al orden y me dijo “te vamos a hacer tu autocrítica”. Me hicieron mi autocrítica, reprochándome ¿qué clase de camarada quieres ser tú, metiéndote y emborrachándote con estos indios? Los camaradas no tienen derecho a la alegría, solo la tendrán después de la victoria, no antes. O sea, antes, no juntarse con los indios, no tomar un trago, no cantar, no bailar, no danzar, no alegrarse, y pasarse la vida como revolucionarios amargados por las obligaciones impuestas por el partido. Cuando escuché eso, Arguedas me habló en quechua diciéndome chayta uyarispaymi chintirukurqani-Oyendo eso, me sentí disminuido, me empequeñecí, y solo atiné a decir, “perdón, ¿puedo ir al baño?”. Le dijeron que sí, que vaya. Arguedas terminó la historia: nunca más volví.
Observen la trascendencia de esta historia. “Nunca más volví”. Arguedas nunca más tuvo que ver con el Partido Comunista. Antes nunca tuvo que ver con el Partido Aprista. Su simpatía con el Partido Comunista era fruto de San Marcos, de su tiempo. Para Arguedas fue una tragedia ver a los apristas y a los comunistas tratándose como enemigos y casi matándose entre ellos. Los vio y sufrió en El sexto, cuando lo apresaron por ser solidario con la República de España en el año 1936, amenazada por el golpe de estado dirigido por el general Franco contra la legítima victoria electoral del frente popular que eliminó la monarquía. Esa soledad política de Arguedas, fue muy dura, las dos organizaciones en las cuales militaba la gente que entonces hablaba de cambio y de historia y de futuro: el pueblo aprista por un lado y el pueblo comunista por el otro. Y al ver que no se tocaban y al ver que no se querían, él decía, ¿qué será de nosotros?
Aquí vuelve la música, otra vez; para soportar el dolor que tuvo allí, en la cárcel, recordó las canciones que aprendió de niño, y lo dice, las canciones que aprendió en Puquio, en Lucanas, en San Juan, en Parinacochas. Conservó veintiun canciones en su memoria, las escribió y tradujo al castellano, cuando salió de la cárcel mostró esas canciones a sus amigos; los amigos le dijeron, pero qué joya es esta, qué poesía que hay en estas canciones, publícalas. Arguedas publicó un librito, Canto Quechua, con esas veintiun canciones, sus traducciones, y un prólogo precioso, en el que cuenta que en Viseca, de niño, en noches de luna, aprendió a cantar. Cantaba las canciones de los ayllus, de los comuneros de San Juan de Lucanas, Accola y de la hacienda Viseca.
Esas canciones abrieron el camino para que después los seguidores de Arguedas hiciésemos el mismo esfuerzo; los tres hermanos Montoya sacamos en 1987 un libro que se llama Urqukunapa yawarnin, La sangre de los cerros, antología de la poesía quechua que se canta. De la poesía quechua que se canta. Los quechuas no escriben poesía, pero conocen la lengua y la conocen tan bien que la poesía que expresan en su canto es muy hermosa.
Los profesores de literatura de San Marcos, mis colegas de la época, me dijeron, estás sosteniendo una tesis atrevida, porque la poesía se escribe, la poesía es el dominio de una lengua, es la escritura de una lengua. Esa es la concepción que ustedes tienen siguiendo el modelo europeo, les respondí. La gente no tiene necesidad de escribir su lengua para hacer poesía con esa lengua. Ustedes pueden llamarle lo que quieran a lo que es o no la poesía, pero para mí las canciones quechuas, cantan su poesía. Les recomiendo -entre paréntesis, porque no dejo de ser profesor, aunque ya soy un ex profesor emérito de San Marcos- no dejo de recomendarles que lean un libro precioso de Arguedas del que se habla poco, del que se conoce poco y que sin embargo es uno de sus libros más valiosos. Se llama Diamantes y pedernales. En Diamantes y pedernales la música es el personaje principal del libro. La música encarnada en un artista, y en una mujer sencilla y humilde mestiza de un pueblo que es convertida en la amante de un hacendado, la hace sufrir y el pueblo sufre con ella porque la ve sufrir. Esta es gruesamente la historia que aparece en Diamantes y Pedernales, y verán lo que significa la música para Arguedas, los versos, el amor de un artista arpista quechua por esta mujer, que tenía una voz encantadora y que por tener esa voz encantadora él se enamoró de ella y se la llevó. La raptó, la sacó de su casa y se la llevó.
En Cusco, a comienzos de 1940, José María se encontró con el padre Jorge Lira, en su parroquia de Calca. Hablaba impecablemente el quechua y que estaba preparando un gran diccionario que es el mejor diccionario quechua - castellano que se ha escrito hasta este momento en el Perú. El padre Lira invitó a Arguedas a su casa cural. Allí, había una mujer maravillosa, llamada Carmen Taripha. Ella cantaba y contaba, contaba cuentos y cantaba centenares de canciones y no se detenía nunca. El padre Lira perdió la cabeza por ella. Cuando Arguedas vio y oyó a Carmen Taripha, también perdió la cabeza por Carmen Taripha. Y en el prólogo que Jorge Lira, le pidió a Arguedas unas palabras por su libro sobre canciones quechuas. Arguedas elogia a Carmen Taripha, y dice poco o nada una sobre el padre Lira.
Otra vez, el canto y su encanto. Una mujer que canta es una maravilla. Y una pareja, un hombre y una mujer que cantan en primera y segunda voz, es una combinación feliz. Entre paréntesis, este es un momento propicio para hacer un público pedido: que en una próxima reunión de los Encuentros Arguedianos, Margot y su hermano Jesús, canten juntos, en primera y segunda voz, no uno, sino varios, yaravíes. Y verán ustedes lo que es el encanto de escuchar a una mujer cantando y llevándole segunda voz. Mi padre, perdonen por la anécdota personal, que viene como parte de lo que estoy contando. Edwin y yo éramos cantores desde niños. Cuando yo tenía más o menos 15 años mi padre me dijo: oiga jovencito, venga usted aquí; me he dado cuenta de que usted no sabe llevar segunda voz. Yo le dije: ¿qué culpa tengo yo si siempre me hacen cantar en primera voz y Edwin es el que ha aprendido muy bien a llevar segunda voz? Enséñenme pues. Y mi padre me dijo: no, no, no. Tú tienes que hacer tu esfuerzo por tu parte. Aprende a llevar segunda voz. Cuando lleves una segunda voz a una mujer, te vas a acordar de mí, lo que es el encanto de llevar segunda voz. La música supone encuentros de voces, la voz segunda hace que la primera voz brille más, pero para brillar más, acompaña a esa voz y se levanta cuando la primera se levanta y baja. La segunda le cubre las espaldas a la primera voz; con la fuerza de la segunda le da una mayor ternura y una mayor capacidad de exposición y de diálogo de esa música. Arguedas otra vez, la música, la música, la música. Y por eso supongo yo que Margot le dedicó 38 años. Y los próximos 38 años que todavía le quedan, para seguir con esta tarea y que la podamos acompañar para eso.
Regreso ahora sobre la idea esta de la magia y el socialismo porque está ahí el corazón del encuentro y el vínculo entre Mariategui y Arguedas. Arguedas nunca dijo creo en un socialismo mágico. Eso Arguedas no lo escribió, no lo dijo, ni lo pensó. Examinando la importancia de la anécdota que conté y la reflexión sobre lo que era la construcción del socialismo en esos tiempos, a fines de los 80 y comienzos de los 90, llegué a la conclusión que había que dar un salto para unir al socialismo con la magia y que debiéramos hablar de un socialismo mágico en el Perú, en el sentido preciso del encuentro de la política, la economía, el poder, el Estado, las clases, las relaciones de clase con el canto, con la música, con la poesía, con la danza, con los cuentos, con los mitos que hay en los pueblos. Y Arguedas aporta esta tremenda carga y la entrega a la tradición dejada por Mariátegui, y ambos le dan al Perú las bases para pensar y sentir el Perú. No basta hablar de leer, de entender, de estudiar, de conocer el Perú. Es más importante ahora, desde Arguedas sentir el Perú. Y sentir el Perú quiere decir entrar en el mundo de las emociones, de los sentimientos entrar en el mundo de las identificaciones con el pueblo, con el canto de la gente, con el dolor de la gente, con las ilusiones del pueblo. Sin esa habilidad para compartir los sentimientos y las emociones, el socialismo…
(En este punto se detuvo la grabación que Micaela Céspedes, alumna del noveno ciclo de antropología en la Universidad Católica de Lima, y estudiante en la Universidad de Música (Conservatorio-Etnomusicología) hizo de mi exposición. Hoy, dos días después, en el preciso 18 de enero, cumpleaños de Arguedas y de Lima, gracias a ella puedo compartir el texto con arguedianas y arguedianas, y confundirnos en un fuerte abrazo. Solo hice algunas correcciones en el texto para evitar repeticiones. e introducir algunas aclaraciones puntuales. No pierdo la esperanza de encontrar la segunda parte de mi exposición con más ideas sobre el socialismo y la magia, una primicia editorial y el compromiso alcanzado con Margot Palomino y sus Encuentros arguedianos para la publicación del segundo y tercer volumen de mi libro PERU: VOLVERA EMPEZAR, después de la promesa incumplida de la República-Estado-Nación 1823-2023. La editorial Horizonte pondrá en circulación el primer volumen en abril de este año. Rodrigo Montoya Rojas.