17/03/2026
Hay platos que nos hacen sentir como niños.
Algunos, porque evocan un lugar reconfortante de nuestra infancia.
Otros, porque nos devuelven la capacidad de jugar y sorprendernos.
Hay algo de eso en nuestros tortellini de las tierras del Perú.
Primero, porque hacer una masa de colores siempre es divertido.
Debemos encontrar la pigmentación en la naturaleza: espinaca para la masa verde, loche para la amarilla, pimentón para la anaranjada, betarraga para la roja y también para la morada.
Hay que imaginar el sabor de esos colores y maravillarnos con una tierra en la que crecen choclos gigantes, un zapallo que no existe en otro lado y una diversidad de tubérculos tan elegantes como la oca y el olluco.
Y cuando servimos los tortellini con nuestra beurre blanc de pachamanca, nos llena de ilusión que los comensales identifiquen el sabor de los colores y elijan su favorito.
Es imposible contener todas las tierras del Perú en un solo plato, pero qué bonito es aproximarnos a ellas con la curiosidad de un niño y darles un color para recordarlas.