24/02/2026
La otra noche vino una pareja que no veíamos hace tiempo.
Astrid los recibió en la puerta y les hizo un recorrido por la casa para mostrarles las cosas que habían cambiado desde su última visita. El jarrón de flores cerca de la puerta, los cojines de colores en los sillones, los muñequitos de lana en la gift shop, las zapatillas colgando en la yunza, los nuevos toritos de Pucará iluminando las escaleras.
La pareja se sentó en una mesa del patio y pidió lo de siempre: el cuy pekinés, las conchitas Cantuarias, el cochinillo de toda la vida, la Lúcuma, dos copas de carda-muña.
No podríamos decirles si estuvieron de viaje o si aquella noche significó un reencuentro para ellos.
Lo que sí podemos asegurarles es que cada noche nos encargamos de poner la mesa con el mismo cuidado; de encender las velas que rodean los toritos de Pucará, acomodar las flores y preparar los platos que tanto les gustan.
Porque cada noche es una oportunidad de volverlos a ver.