Digamos que de tanto en tanto, se fueron igualando. Como la canción del Alianza Lima, primero buenos amigos,
Después a darle al balón. Pero este par le dio a la paila,
y luego a los motores y al fogón. Compañeros de carpeta
en el colegio fueron promoción
uno puro jalados y el otro chancón. Ya de adultos les vino un gusto compartido
por los autos clásicos con motores de rugido. Al gordo le gustó e
l Charger
y al que fuera flaco cualquier auto viejo, aun así cuando no ande! El uno como buen italiano,
amante de la buena mesa y el pisco peruano. El otro como a buen palestino,
todo le gusta con aceite de olivo. De tal amistad y en busca de repuestos
hicieron de La Victoria su lugar de encuentros. Acá estaban los talleres, los fierros y el criollismo
Faltaba una taberna,
¡que ya estuvo bueno de automovilismo! Para empezar de nuevo esta historia
escogieron otra vez a La Victoria. Se dieron la mano, viejos hermanos,
y nació así El Victoriano. Llamaron a familiares y amigos,
que nadie se quede con ganas
y así empezó la jarana.