06/01/2025
Diosdado Gaitan Castro mañana Martes 07 de Enero en Pampano. 👍🏻
"Cada nota que cantaré será un homenaje a los sueños que no se quebraron, a la lucha incansable y a la esperanza que siempre brilló, incluso en las noches más oscuras." -
Diosdado Gaitan Castro
Mañana regresaré a Pámpano, un rincón donde el desierto y el cielo se funden, donde mi historia quedó sembrada entre el polvo y el sol inclemente. Llegué allí siendo apenas un muchacho, acompañado de mi madre y cargando más ilusiones que certezas. Nos refugiamos en Pacra, a unos diez kilómetros, donde intentamos construir un pequeño restaurante. Pero la vida, con su mano implacable, nos enseñó que los sueños no siempre florecen en el momento esperado.
El restaurante no funcionó, y mi madre tuvo que regresar a Ayacucho, dejándome a cargo de mi hermano menor. Allí, entre el hambre que mordía el alma y el calor que abrazaba el cuerpo, me convertí en un peón. Al principio, nadie confiaba en mis manos delgadas, pero poco a poco me abrí camino en las chacras, raleando algodón, limpiando canales y cosechando maíz. Con lo poco que ganaba, compraba dos chancay y una gaseosa, que compartía con mi hermano como si fueran un banquete.
A pesar de las dificultades, encontré en la gente de ese lugar una calidez que nunca olvidaré. Recuerdo el día que anuncié mi partida: mis compañeros y yo fuimos al río a pescar camarones. Cocinamos en una olla de barro, sobre un fuego sencillo, y compartimos aquel humilde manjar con el mismo cariño con el que uno comparte su corazón. Mis amigos, en un gesto de amistad y respeto, me cedieron sus camarones para que mi plato estuviera lleno.
Esa noche, un 24 de diciembre, emprendimos el camino de regreso a Ayacucho. Subí al bus abrazando a mi hermano, mientras la luna iluminaba la puna. En medio del trayecto, el chofer detuvo el vehículo, abrió un champán y pronunció unas palabras que aún resuenan en mi alma. Todos brindaron, lamentando no estar con sus seres queridos, y la oscuridad del bus se llenó de suspiros y lágrimas. Fue entonces cuando, con mi hermano a mi lado, no pude contener el llanto. Lloré por la pobreza, por la lucha constante, por los sueños que parecían tan lejanos. Lloré por todo lo que habíamos vivido.
Mañana regreso a Pámpano, no como el muchacho que luchaba por sobrevivir, sino como un artista que lleva consigo esa historia y la transforma en canto. Volver a esas tierras es como mirar al pasado con gratitud, como abrazar al joven que fui y recordarle que todo esfuerzo vale la pena. Cada nota que cantaré será un homenaje a los sueños que no se quebraron, a la lucha incansable y a la esperanza que siempre brilló, incluso en las noches más oscuras.