06/09/2026
CHALHUANCA, MEMORIA QUE PERMANECE
Hay lugares que uno deja físicamente, pero que nunca abandona el corazón. Chalhuanca es uno de ellos.
Estas fotografías antiguas no son solamente imágenes del pasado. Son fragmentos de una vida que alguna vez transcurrió entre sus calles, sus plazas, sus casas de adobe, sus faenas comunales, sus fiestas patronales y el murmullo permanente de nuestro río.
En ellas aparecen nuestros abuelos, nuestros padres, nuestros amigos y aquellos personajes que dieron identidad a nuestro pueblo. Rostros que quizá ya no están, pero que permanecen vivos en la memoria. Detrás de cada fotografía hay una historia: un viaje por carretera sin asfalto, una fiesta esperada durante todo el año, una procesión, una tarde en la plaza, una infancia jugando en las calles o simplemente un momento que nadie imaginó que algún día se convertiría en recuerdo.
Recordamos el barro entre las manos levantando adobe, las faenas donde el trabajo era también una forma de encontrarnos, las banderas rojas anunciando chicha, las danzas, los santos patronos, los toritos andinos, los puentes, los árboles antiguos y aquellas costumbres que nos enseñaron, sin discursos, lo que significa pertenecer a un lugar.
Chalhuanca cambió. Nosotros también.
Pero hay algo que permanece intacto: esa sensación de volver, aunque sea mirando una fotografía, y sentir por un instante el olor de la tierra, escuchar las voces de nuestra infancia y reconocer en aquellos rostros una parte de nosotros mismos.
Porque estas imágenes no hablan solamente de cómo fue Chalhuanca.
Hablan de quiénes fuimos.
De dónde venimos.
Y de todo aquello que, a pesar del tiempo, todavía vive dentro de nosotros.
Un día salí de Chalhuanca, pero Chalhuanca nunca salió de mí.
Foto Luis Sarmiento