05/05/2026
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En el deporte formativo, nadie es dueño de nadie.
Los entrenadores solo somos guías dentro de un proceso que debe ayudar a los jugadores a crecer como deportistas y como personas. Ellos no nos pertenecen; son jóvenes en formación, con metas propias y con familias que toman decisiones pensando en su bienestar.
Muchas veces se olvida que quienes hacen el mayor esfuerzo son los padres de familia. Ellos pagan entrenamientos, inscripciones, uniformes y viajes. Invierten tiempo, dinero y apoyo emocional. Por eso, cuando un jugador cambia de club, no está traicionando a nadie. Su familia simplemente está buscando lo que cree mejor para su desarrollo.
Ahí es donde los entrenadores debemos ser honestos con nosotros mismos.
Si los jugadores se van, no sirve de nada quejarnos o culparlos. Lo correcto es preguntarnos:
¿Estoy ofreciendo un buen ambiente de trabajo?
¿Estoy enseñando valores o solo pidiendo lealtad?
¿Me he ganado su respeto o solo quiero imponer mi autoridad?
El liderazgo real no se basa en obligar a nadie a quedarse.
Se basa en el ejemplo, en el buen trato y en el compromiso verdadero con el crecimiento de cada jugador. Cuando un proyecto es bueno, los deportistas se quedan porque quieren, no porque se sienten obligados.
Es solo mi opinión… pero para mí, así funciona el deporte formativo.