30/05/2026
Le pregunté a mi papá por qué cree que algunos clientes dejan de venir.
Pensé que me iba a hablar de Rappi. De la inflación. De que ahora la gente prefiere comer otra cosa, o que la competencia subió, o que se acabó el dinero.
Me habló de algo más grande.
Lleva 28 años parado frente al mismo cazo. Desde antes de que yo naciera. Lo he visto envejecer ahí, con el mismo delantal raspado, con las manos cada vez más curtidas. Cumbres 1er Sector, Avenida Paseo de los Leones. Desde 1998.
Se quedó callado un momento. Y me dijo esto.
"Es que las familias ya no se juntan como antes los domingos, mijo. Los hijos ya están grandes. Y si a eso le sumas que los papás ya murieron, pues ya no se juntan como se juntaban los papás."
No me habló de la economía. Me habló de que se está acabando una manera de estar juntos.
Pienso en los clientes que tuvimos veinte años. Los que venían en familia. Los hijos chiquitos. Los abuelos. La mesa puesta. El refresco frío. El "saca las carnitas."
Y de tantos de ellos, fueron desapareciendo. No porque ya no les gustaran las carnitas. Sino porque ya no había para quién.
Cuando el abuelo se va, las primas se dejan de ver.
Cuando los papás se separan, el domingo se rompe.
Cuando los hijos se hacen grandes, cada quien tiene su propia mesa.
Y de pronto el domingo, ese día que era de todos, ya no es de nadie.
Mi papá lleva 28 años viéndolo desde la caja. Yo nunca lo había pensado así.
Si todavía tienes a tus papás, abrázalos este domingo.
Aunque sea con un kilo de carnitas en la mesa.