24/07/2025
Hay momentos en la vida que parecen marcar un antes y un después. Como cuando Erika, después de años de matrimonio, recibió la noticia de una infidelidad. Fue como si el mundo se partiera en mil pedazos frente a sus ojos. ¿Cómo se reconstruye un corazón que ha sido traicionado? ¿Dónde se encuentra el valor para volver a creer, a amar, o simplemente a respirar sin que duela?
Durante semanas, Erika se aisló. Se sentía tan rota, tan decepcionada, que pensaba que ni siquiera Dios querría acercarse a alguien como ella: una mujer caída, triste y sin fuerzas.
Pero fue ahí, justo en esa rendija de su alma donde ya no había máscaras ni fuerzas, donde Dios entró con más ternura que nunca.
Ella recuerda una madrugada, llorando en la cocina, leyendo casi al azar su Biblia. Sus ojos se toparon con estas palabras: “El Señor está cerca de los quebrantados de corazón…”
Y por primera vez en semanas, no se sintió sola. Era como si Dios susurrara directamente a su herida: "No estás rota para siempre, solo estás siendo moldeada."
Dios no se aleja del dolor. No se asusta por nuestras lágrimas, ni se ofende con nuestros lamentos. Al contrario: se acerca. Él está más presente que nunca cuando nuestro corazón está en ruinas y cuando el alma ya no puede seguir pretendiendo que todo está bien.
Él se especializa en sanar con paciencia, en restaurar con amor, y en levantar desde lo más hondo.
Así como lo hizo con Erika, también lo hace contigo. No importa cuál haya sido tu pérdida, tu herida o tu decepción. A veces, creemos que ser fuertes es no llorar, no mostrar dolor. Pero en realidad, abrirle a Dios lo que está roto es el acto más valiente que puedes hacer.
Hoy, si te sientes abatido o con el corazón quebrado, recuerda: Dios está cerca. No esperes sentirte fuerte para acercarte a Él. Acércate roto, y Él se encargará del resto.
"El Señor está cerca de los quebrantados de corazón; salva a los de espíritu abatido." — Salmos 34:18
Abrazo fraterno.