26/08/2026
La Chula y su falsa inclusión: poner un escalón no es accesibilidad universal
POR ABRAHAM BOTE TUN
La alcaldesa de Mérida, Cecilia Patrón Laviada, presumió como un “gran logro histórico” la instalación de lo que llamó una “escalera universal” frente a una ventanilla de atención. El problema es que poner un banquito o un escalón no convierte un espacio en accesible. Mucho menos puede presentarse como un avance histórico en materia de inclusión.
La accesibilidad universal no consiste en colocar soluciones improvisadas para determinados grupos mientras se mantienen barreras que excluyen a otros. Una ciudad verdaderamente accesible es aquella en la que todas las personas pueden desplazarse de manera segura y autónoma, independientemente de sus condiciones físicas, sensoriales o de movilidad.
¿Dónde quedan las personas usuarias de silla de ruedas? ¿Las personas que utilizan bastón o andadera? ¿Las personas con discapacidad visual? ¿Las personas mayores o quienes tienen dificultades de equilibrio?
Un escalón frente a una ventanilla puede facilitar momentáneamente el alcance a algunas personas de talla baja, pero al mismo tiempo puede convertirse en una barrera para alguien que utiliza silla de ruedas o en un riesgo para una persona con movilidad reducida o discapacidad visual.
Y mientras la alcaldesa presume este tipo de acciones como grandes avances, Mérida continúa teniendo miles de calles y banquetas prácticamente inaccesibles. Hay banquetas inoperantes, llenas de obstáculos, desniveles, postes, vehículos, registros y toda clase de barreras que dificultan o impiden el libre tránsito de las personas.
La pregunta es mucho más sencilla: ¿cómo llegan las personas con discapacidad a los paraderos? ¿Cómo cruzan las grandes avenidas? ¿Qué ocurre con quienes necesitan utilizar el transporte público y deben enfrentarse a cruces inseguros, pasos peatonales inexistentes o infraestructura que simplemente no está diseñada para sus necesidades?
En los alrededores del periférico, por ejemplo, existen puntos donde cruzar de un lado a otro puede representar un riesgo incluso para una persona sin discapacidad. Para quienes tienen una discapacidad motriz, visual o alguna otra condición que limite su movilidad, estas barreras pueden significar prácticamente la imposibilidad de desplazarse de manera autónoma y segura.
Por eso resulta absurdo que la administración municipal y sus aplaudidores presenten un escalón frente a una ventanilla como si se tratara de una transformación histórica en materia de accesibilidad.
Roberto Cámara, integrante del Movimiento de Personas con Discapacidad Yucatán, lo explica con claridad: colocar escalones frente a una ventanilla no constituye una medida de accesibilidad universal. Puede ayudar momentáneamente a algunas personas de talla baja, pero crea una barrera física que puede excluir a otras.
Una persona usuaria de silla de ruedas necesita una superficie continua, espacio suficiente para aproximarse y condiciones adecuadas para realizar un trámite. Para alguien con movilidad reducida, bastón, andadera o problemas de equilibrio, subir a una plataforma puede representar un riesgo adicional. Incluso para una persona con discapacidad visual, un elemento elevado inesperado puede convertirse en un obstáculo.
El principio del diseño universal es precisamente lo contrario: no se trata de crear una solución distinta para cada grupo, sino de diseñar los espacios desde el inicio para que puedan ser utilizados por la mayor cantidad de personas posible, sin crear nuevas barreras.
En una ventanilla, una verdadera solución inclusiva sería contar con una sección de atención a una altura accesible, espacio libre para aproximación y condiciones que permitan utilizarla tanto a personas de distintas estaturas como a quienes utilizan silla de ruedas.
En otras palabras: si para hacer accesible una ventanilla para unas personas tienes que colocar un obstáculo que impide utilizarla a otras, no estás aplicando diseño universal. Estás haciendo una adaptación parcial que termina excluyendo a otro grupo.
La accesibilidad no es un espectáculo para redes sociales ni una fotografía para presumir gestión. Tampoco es poner un escalón y bautizarlo como “universal”.
La verdadera inclusión implica garantizar que las personas puedan llegar, entrar, desplazarse, cruzar calles, utilizar el transporte público y acceder a los servicios municipales de manera segura, digna y autónoma.
Mérida necesita banquetas transitables, cruces seguros, transporte accesible, infraestructura adecuada, señalización, rutas incluyentes y espacios públicos diseñados para todas las personas.
Menos politiquería barata y más accesibilidad real.
Porque una ciudad accesible no es aquella donde la alcaldesa puede presumir un escalón. Es aquella donde una persona con discapacidad puede salir de su casa y recorrer la ciudad sin que la propia infraestructura urbana se convierta en una cadena de obstáculos.