01/02/2024
Hoy te quiero platicar de un lugar que no tiene nada que ver con comida, pero sí con ventas. Se llama casa Auais, es un negocio de una familia libanesa, que desde que tengo memoria, siempre nos ha comprado pan árabe, y a la vez ahí mi mamá compraba mis accesorios cuando tenía que disfrazarme (babuchas, payasitos, etc).
Ahora, como mamá, me toca ir a comprar las cosas de mis hijas. Para los que vivimos en el "norte", pensamos 10 veces antes de lanzarnos al centro, sobretodo que hoy en día uno puede comprar cosas en línea con un simple clic, pero después de ver el precio de unos productos, excesivamente altos, y luego el que otros no llegaban en la fecha que los necesitaba, pues me dije a mí misma "no hay pierde, toca ir al centro a recordar viejos tiempos".
Me estacioné en donde siempre, la última vez que fui, cobraban la hora $12, hoy la cobraban a $24 😅, para que te des una idea de lo mucho que no voy, entre hijos chiquitos y que se atravesó la pandemia. Guardé mis aretitos para evitar tentaciones, como me enseñó mi señora madre, y vámonos a caminar por catedral.
Me sorprendió ver la gran cantidad de tiendas que vendían artículos orientales, donde antes habían tiendas con productos locales, como vestidos de Primera Comunión, comida y artículos escolares.
Para mi alivio, Casa Auais estaba donde siempre, me dio gusto ver a la señora "paisana" (así nos decimos las personas de origen libanés 🇱🇧) cuidando su negocio, cobrando en la caja y diciéndole a una señorita que entró a curiosear "le podemos ayudar, pero si no pregunta, no va a llegar ni a Chelem ", pero lo que más gusto me dio fue ver a uno de sus nietos atendiendo a la clientela, porque me vi a mí misma cuando atendía a las personas, aquí en la panadería. Fue un alivio encontrar las babuchas y los guantes que necesitaba mi hija para su baile a una cuarta parte del precio que comprarlo en línea (pq aunque dígan "envío gratis" ahí te lo están enjaretando).
Eso falta hoy en día, más jóvenes trabajando, ya sea en el negocio familiar o tienda local, independientemente de si quieren llegar a ser arquitectos, doctores o lo que quieran y no solo vendedores. Porque ahí uno aprende a tratar a muchas personalidades, resolver problemas y dar buena cara a pesar del "mal tiempo". Luego muchos niños o los mismos papás, se empeñan en alzanzar excelentes calificaciones, cuando al final lo importante es desarrollar habilidades diferentes en vez de solo memorizar y obedecer.
Como papás no debemos tener miedo de que los hijos abran las alas, al contrario, debemos promover que se desenvuelvan, porque no somos eternos y no es sano ser papás "helicópteros". En parte de ahí viene la generación de cristal, que nadie le puede decir nada sin que se ofendan. Obvio debemos pedir respeto, pero también debemos apretar y exigirnos cuando la vida lo pide, en vez de quebrarnos por cualquier cosa. Igual debemos hacer parte a los hijos de los gastos que hacemos en casa, no agobiarlos con cosas que no corresponden a su edad, pero sí enseñarlos a valorar, agradecer y ganarse las cosas secundarias.