30/09/2022
La celebración de los fieles difuntos en México tiene su origen en la época prehispánica. De acuerdo con los historiadores, los mexicas tenían varios periodos a lo largo del año para celebrar a sus mu***os, los más importantes se realizaban al terminar las cosechas, entre los meses de septiembre y noviembre.
La sociedad azteca creía que la vida continuaba aun en el más allá, por eso consideraba la existencia de cuatro “destinos” para las personas, según la forma de morir. El arqueólogo Eduardo López Moctezuma los detalla de la siguiente manera:
El Tonatiuhichan o “casa del sol” era el sitio al que iban los guerreros mu***os en batalla, los capturados para el sacrificio y las mujeres embarazadas.
El Tlalocan, un tipo de paraíso al que llegaban todos los que morían por el agua.
El Chichihualcuauhco, un espacio destinado para los bebés mu***os, ahí eran amamantados por un enorme árbol nodriza hasta que “volvieran a nacer”.
El Mictlán, el reino de los mu***os y destino de las personas que fallecían por causas no relacionadas al agua, la guerra o el parto.
Se pensaba que, para llegar a este último sitio, los mu***os debían de realizar un largo proceso en el que eran ayudados por un perro. ¿Quieres saber más de este camino al inframundo mexica?, te lo decimos a continuación.
¿Qué es el Mictlán y cómo se llegaba?
Los mexicas creían que un perro xoloescuintle acompañaba el alma del difunto en una parte de su viaje al inframundo.
El perro xoloescuintle era un fiel compañero hasta en la muerte, pues acompañaba al difunto a cruzar un río en el inframundo.
Este era el lugar al que iban la mayoría de los mu***os. Para arribar al Mictlán, el difunto debía esperar cuatro años, tiempo en el que era devorado por Tlaltecuhtli, la diosa de la tierra. Completado lo anterior, se iniciaba un viaje por los nueve niveles del inframundo mexica, explicados en varios códices y por fray Bernardino de Sahagún de esta forma:
Cruzar el río Apanoayan.
Pasar desnudo en el Tepétl Monanamicyan, un lugar en el que constantemente chocan dos cerros.
Enfrentar a una culebra que resguarda un camino.
Atravesar el Iztepétl o cerro de navajas.
Recorrer ocho cimas en las que cae nieve constantemente llamadas Cehuecayan.
Transitar otros ocho caminos en Itzehecayan, lugar donde el viento corta como navajas.
Caminar sobre el Apanhuiayo, un canal de aguas negras en el que habita una temida lagartija llamada Xochitonal.
Atravesar otro río, el Chiconahuapan, con la ayuda de un perro xoloitzcuintle.
Y finalmente, llegar al Itzmitlanapochcalocan, el recinto donde moran los dioses de la muerte.
Es este último lugar en el que el difunto se encontraba con Mictlantecuhtli, el dios del inframundo, para darle algo especial. Sigue leyendo para saber más de dicha deidad azteca.