08/05/2026
Crónica de una carreta que se volvió historia.
Por .toust
A simple vista, podría parecer solo una carreta más frente al mar.
Pero Ensenada sabe que aquí vive una historia.
Desde 1982, entre el olor a sal, las tardes soleadas y el ruido del Boulevard Costero, comenzó a escribirse una tradición que no nació en un restaurante elegante ni en un gran edificio. Nació aquí… en algo sencillo. En una carreta humilde levantada con trabajo, con familia y con fe.
Don Rubén Marín encontró en el mar una manera de salir adelante, pero también encontró una forma de conectar con la gente. Con quienes llegaban en sandalias después de la playa, con quienes venían del otro lado de la frontera buscando marisco fresco, con quienes hacían fila bajo el sol porque ya sabían que aquí el sabor era distinto. Real.
Pasaron los años.
Cambiaron los carros, cambiaron las calles, cambió la ciudad.
Pero esta carreta siguió aquí.
Primero en la zona centro de Ensenada y después en la esquina de Boulevard Costero y Caracoles, convirtiéndose en parte del paisaje de Playa Hermosa y de la memoria de miles de personas.
Han sido cientos de atardeceres.
Miles de ostiones abiertos.
Temporadas enteras de verano con la carreta llena de risas, de vasos preparados y de familias compartiendo campechanas frente al mar.
Y también han existido los días fríos.
Los inviernos donde oscurece temprano.
Las tardes nubladas donde el viento golpea fuerte desde el Pacífico.
Pero incluso ahí, siempre llega alguien.
Porque cuando el sabor es verdadero, la gente vuelve.
Con los años se une Salvador Camorlinga, y junto a la familia nace una nueva etapa: Mariscos El Chava. No como un reemplazo de la historia, sino como una continuación del legado.
Hoy, después de más de cuatro décadas, esta carreta sigue demostrando que las cosas más importantes no siempre son las más lujosas.
A veces, las historias más grandes nacen bajo una sombrilla roja, junto al mar, sirviendo ostiones frescos con las mismas manos de siempre.