16/06/2026
𝗖𝗨𝗔𝗡𝗗𝗢 𝗡𝗔𝗗𝗜𝗘 𝗟𝗢𝗦 𝗕𝗨𝗦𝗖𝗔
Cada mañana, antes de pensar en su trabajo, en sus pendientes o incluso en sí mismas, Isabel Vázquez y Mayely Gómez enfrentan una pregunta más urgente: ¿habrá suficiente alimento para todos?
La respuesta involucra a cerca de 45 perros que dependen por completo de ellas para sobrevivir.
Lo que comenzó hace más de una década como actos aislados de rescate terminó convirtiéndose en una de las pocas redes de protección para animales abandonados en Comitán. Sin financiamiento institucional, sin subsidios permanentes y con recursos siempre limitados, la organización Patitas Empolvadas sostiene una labor que revela una realidad incómoda: el abandono animal continúa creciendo mientras la capacidad de respuesta depende, en gran medida, del esfuerzo de un reducido grupo de ciudadanos.
Esa realidad fue expuesta durante la charla Cuando nadie los busca, moderada por Liz Velázquez, realizada en Giraluna Café, donde las fundadoras del refugio compartieron una experiencia marcada por jornadas interminables, deudas veterinarias, rescates de alta complejidad y una lucha constante para evitar el colapso de un espacio que hoy representa la diferencia entre la vida y la muerte para decenas de animales.
𝗟𝗮 𝗳𝗮𝗹𝘀𝗮 𝗶𝗱𝗲𝗮 𝗱𝗲𝗹 𝗿𝗲𝘀𝗰𝗮𝘁𝗲
La imagen más extendida del rescate animal suele reducirse a una fotografía en redes sociales o a la historia de una adopción exitosa. Sin embargo, detrás de cada publicación existe una realidad mucho menos visible. Rescatar implica trasladar animales heridos, costear tratamientos médicos, enfrentar enfermedades avanzadas y asumir gastos que rara vez cuentan con respaldo económico suficiente.
Durante la conversación, Isabel y Mayely explicaron que una parte importante de los reportes ciudadanos termina con una etiqueta en Facebook o un mensaje enviado a alguna organización protectora. La ayuda suele concluir ahí. Lo que sigue recae sobre quienes rescatan: consultas veterinarias, medicamentos, alimentación, esterilizaciones y cuidados permanentes.
𝗨𝗻𝗮 𝗰𝗿𝗶𝘀𝗶𝘀 𝗾𝘂𝗲 𝘀𝗲 𝘀𝗼𝘀𝘁𝗶𝗲𝗻𝗲 𝗮 𝗰𝗼𝗻𝘁𝗿𝗮𝗿𝗲𝗹𝗼𝗷
Las cifras permiten dimensionar la magnitud del desafío. Mantener el refugio requiere entre siete y ocho mil pesos semanales. Un costal de alimento de 25 kilogramos apenas alcanza para dos días. A ello se suman gastos veterinarios constantes, agua, productos de limpieza y el mantenimiento básico de las instalaciones.
Pero la crisis no es únicamente económica.
Las rescatistas describieron el desgaste emocional que implica enfrentarse diariamente al abandono, al maltrato y a la indiferencia. También hablaron de los perros que permanecen años esperando una adopción porque son adultos, ancianos o tienen alguna condición médica. Mientras los cachorros suelen encontrar hogar rápidamente, muchos otros permanecen invisibles.
Sin embargo, lejos del discurso de la derrota, Isabel y Mayely compartieron sus experiencias con una mezcla de sensibilidad y fortaleza. A lo largo de la charla se mostraron cercanas, sonrientes y agradecidas, incluso al recordar algunos de los casos más difíciles que han enfrentado. Esa actitud reveló quizá uno de los aspectos menos visibles del rescate animal: la capacidad de seguir adelante sin endurecerse, de conservar la empatía frente al sufrimiento cotidiano y de transformar el cansancio en una voluntad constante de ayudar.
𝗟𝗮 𝗿𝗮í𝘇 𝗱𝗲𝗹 𝗽𝗿𝗼𝗯𝗹𝗲𝗺𝗮
La raíz de esta crisis se origina en la falta de esterilización, en la reproducción descontrolada y en una cultura que continúa considerando a los animales como posesiones desechables. Cada perro abandonado representa una decisión humana; cada rescate, en cambio, representa la decisión de alguien de hacerse responsable de las consecuencias.
La existencia de organizaciones como Patitas Empolvadas evidencia una paradoja social. Aunque el abandono animal genera indignación colectiva, la atención de la emergencia continúa dependiendo de esfuerzos individuales y de ciudadanos que, con recursos limitados, intentan responder a una problemática que supera por mucho sus capacidades.
Sin embargo, cada día vuelven a hacerlo.
𝗨𝗻𝗮 𝗿𝗲𝘀𝗽𝗼𝗻𝘀𝗮𝗯𝗶𝗹𝗶𝗱𝗮𝗱 𝗾𝘂𝗲 𝗻𝗼𝘀 𝗰𝗼𝗺𝗽𝗲𝘁𝗲 𝗮 𝘁𝗼𝗱𝗼𝘀
Al finalizar la charla quedó una pregunta inevitable: ¿qué ocurriría con estos animales si mañana el refugio dejara de existir?
La respuesta deja ver que el rescate animal no es únicamente una causa para quienes dedican su tiempo a ella. Es una responsabilidad compartida que involucra a toda la comunidad.
Cada bolsa de alimento donada, cada aportación económica, cada jornada de voluntariado y cada adopción responsable representan una oportunidad para sostener una labor que hoy permite que decenas de animales tengan una segunda oportunidad.
𝗖ó𝗺𝗼 𝗮𝗽𝗼𝘆𝗮𝗿
Donaciones económicas
Cuenta para transferencias:
6381 8035 5626 37
Donaciones en especie
Alimento para perros, productos de limpieza, cartón y otros insumos necesarios para el funcionamiento del refugio.
Voluntariado
Todos los domingos de 11:00 a.m. a 2:00 p.m., previo contacto con la organización.
Para conocer más sobre su trabajo, realizar una aportación o sumarse como voluntario, pueden consultar las redes sociales de Patitas Empolvadas.
Adriana Velázquez Gabriel