26/09/2026
Les voy a contar algo que nunca había contado de La Santa. 😂
Había una señora que durante meses llegaba casi siempre sola.
Se sentaba en la misma mesa, pedía lo más sencillo del menú y se quedaba un buen rato viendo hacia la calle.
Nunca hablaba mucho.
Yo le decía de cariño “la señora de la esquina”.
Un día llegó, pidió su comida y antes de irse me preguntó:
—¿Tú eres la dueña?
Le dije que sí.
Me contestó:
—Entonces quiero pedirte un favor.
Yo pensé que quería fiado. 😂
Pero no.
Me dijo:
—Quiero que me ayudes a sorprender a mi hijo.
Resulta que el muchacho llevaba años trabajando fuera de Ciudad Victoria y ese día regresaba sin avisarle a nadie.
La señora había conseguido su número por medio de una prima y sabía que él iba a pasar por la ciudad.
Me preguntó si podía preparar una mesa para dos.
Yo le dije que sí.
Llegó el muchacho.
Entró viendo el celular, como cualquier persona.
Y cuando levantó la mirada…
Ahí estaba su mamá.
El ca**ón se quedó congelado.
No dijo nada.
Nomás la abrazó.
Y yo, que según muy fuerte para estas cosas, terminé atrás de la barra limpiando un vaso que ya estaba limpio para que no vieran que estaba llorando. 😂
Cenaron, platicaron y se fueron.
Pensé que nunca volvería a saber de ellos.
Pero como tres meses después regresó la señora.
Se sentó en la misma mesa.
Le llevé su menú y me dijo:
—Hoy vengo sola.
Le pregunté:
—¿Y su hijo?
Me sonrió y me dijo:
—Ya no vive lejos.
Y ahí fue cuando entendí que a veces uno cree que está vendiendo hamburguesas, papas y boneless…
Y termina siendo testigo de historias que ni siquiera son de uno.
Desde entonces, cada vez que veo esa mesa vacía pienso:
“Quién sabe cuántas historias estarán pasando aquí sin que yo me dé cuenta.”
Y sí…
La señora de la esquina nunca me dijo cómo se llamaba.
😂❤️🔥