Giuseppe Pizzas a la Leña

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Hermosa familia de Cuernavaca festejando su cumpleaños en Giuseppe pizzas a la leña
30/07/2026

Hermosa familia de Cuernavaca festejando su cumpleaños en Giuseppe pizzas a la leña

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Hermosa familia nos visita desde chihuahua y quedan encantados con el sabor de nuestra pizza JUMBO en horno de adobe 100% a la leña

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Durante mucho tiempo, algunas personas conocieron de nosotros solamente una versión de nuestra historia. Hoy decidimos c...
27/07/2026

Durante mucho tiempo, algunas personas conocieron de nosotros solamente una versión de nuestra historia.

Hoy decidimos compartir algo diferente: nuestra verdadera historia, contada desde nuestros propios recuerdos y experiencias.

No la compartimos para discutir, señalar ni convencer a nadie. La compartimos porque detrás de un negocio hay una familia, años de trabajo, sacrificios, sueños, momentos difíciles y muchas experiencias que quizá nunca se conocieron.

Quien quiera conocer nuestra historia, será bienvenido a leerla. Y quien no, también respetamos su decisión.
Al final, cada persona es libre de formar su propio concepto.

Nosotros solamente queremos tener la oportunidad de ser conocidos por nuestra historia y por nuestras acciones, no solamente por lo que otros hayan dicho de nosotros.

NUESTRA HISTORIA

Mi nombre es José Luis de la Rosa, soy orgullosamente originario de Ciudad Valles, San Luis Potosí, y ella es mi esposa, Heydi Robledo, nacida en Matamoros, Tamaulipas, pero vallense de corazón desde los 13 años.
Heydi tiene raíces de la Huasteca Potosina y también ascendencia brasileña. Así que, como decimos nosotros en broma, trae una mezcla muy especial…

¡Un poquito de Huasteca, un poquito de Brasil y mucho sabor! 😄
Pero nuestra historia comienza mucho antes de Giuseppe.

Comienza desde que éramos niños y jóvenes, cuando cada uno, por su propio camino, aprendió que en la vida hay que trabajar por lo que uno quiere.
Yo empecé a trabajar desde niño.
Vendí dulces, pan y también fui cerillito.

Desde muy pequeño conocí lo que significa ganarse las cosas con esfuerzo y entendí que detrás de cada peso siempre hay trabajo.
Heydi también viene de una familia humilde.

Desde que llegó a Ciudad Valles, siendo apenas una adolescente, aprendió a salir adelante con su propio esfuerzo.
Ella tenía un sueño:

Superarse y continuar con sus estudios.
Y para lograrlo, entendió desde muy joven que tendría que trabajar para pagar su propia escuela.

Por las tardes y noches, y también durante los fines de semana, Heydi salía a vender periódicos en los semáforos.

También vendió tarjetas de saldo para celulares y buscó oportunidades en diferentes negocios de antojitos, trabajando siempre en aquello que estuviera a su alcance.

Mientras otros jóvenes quizá tenían una realidad diferente, ella dedicaba parte de su tiempo libre a trabajar para poder seguir estudiando.

No lo hacía porque fuera fácil.

Lo hacía porque tenía claro que quería salir adelante.

Y esa etapa de su vida dice mucho de la mujer que es hoy.

Porque antes de ser mi esposa y antes de formar nuestra familia, Heydi ya estaba construyendo su propio camino.
Ella también aprendió desde joven que los sueños cuestan trabajo, disciplina y perseverancia.

Quizá por eso, cuando finalmente nos conocimos y comenzamos a construir nuestra vida juntos, los dos ya teníamos algo muy claro: Nadie nos iba a regalar el camino.

Y tampoco lo necesitábamos.

Porque los dos habíamos aprendido a caminarlo.

Los dos veníamos de familias humildes.
Los dos conocíamos el valor del trabajo.
Los dos sabíamos lo que significaba luchar por superarse.

Y quizá eso fue una de las cosas que nos unió.

Porque cuando dos personas que han vivido desde abajo se encuentran, entienden de una manera muy distinta lo que significa construir algo juntos.
Nuestra historia como familia comenzó precisamente desde ahí:
Desde el trabajo.
Desde la perseverancia.
Desde el deseo de construir una vida mejor.

Y desde la decisión de trabajar en aquello que fuera necesario para salir adelante.

“LOS AÑOS EN EL NORTE”

Durante cerca de siete años, como familia, hicimos de todo un poco.
Anduvimos por las calles, casa por casa y negocio por negocio, vendiendo comida y productos químicos junto con nuestros tres hijos.

Vendíamos enchiladas de la Huasteca, llevando con nosotros ese sazón que forma parte de nuestras raíces.

También vendimos productos químicos y buscamos diferentes maneras de generar ingresos mientras tratábamos de construir un futuro para nuestra familia.

Trabajamos en aquello que fuera necesario.
Porque para nosotros siempre hubo algo muy claro:

Mientras hubiera una manera honesta de trabajar, nosotros estábamos dispuestos a hacerlo.

Fueron años de mucho esfuerzo.
Caminamos bajo la lluvia, enfrentamos el frío y también los días de mucho calor.
No fueron años que vivimos con vergüenza.
Al contrario.
Hoy los recordamos con orgullo.
Porque cada una de esas experiencias nos enseñó algo.
Nos enseñó que no importa desde dónde empiezas.
Lo importante es tener la voluntad de seguir avanzando.
Durante aproximadamente 18 años vivimos fuera de Ciudad Valles, buscando oportunidades que en aquel momento sentíamos que aquí no teníamos.
Nos fuimos al Norte.
Trabajamos.
Aprendimos.
Conocimos otros caminos.
Y poco a poco fuimos construyendo nuestras propias oportunidades.
Pero nunca dejamos de llevar nuestra tierra en el corazón.
Porque hay lugares de los que uno puede irse, pero que nunca dejan de pertenecerle al corazón.
Y para nosotros, ese lugar siempre fue Ciudad Valles.
Hace aproximadamente tres años regresamos.
No regresamos porque aquí fuera fácil.
Regresamos porque aquí estaba nuestra casa.
Aquí estaban nuestras raíces.

Y porque seguíamos creyendo que también en nuestra propia tierra podíamos construir algo.

“MI CAMINO PROFESIONAL”

Yo decidí estudiar Ingeniería Industrial porque siempre tuve la inquietud de aprender, crear y entender cómo funcionan las cosas.

Quería prepararme profesionalmente y buscar un camino que me permitiera crecer y construir algo para mi familia.

Por eso tomé el camino de la industria.
Después de mucho esfuerzo, logré entrar a trabajar en ese mundo y poco a poco fui adquiriendo experiencia y conocimientos.

Pero siempre tuve la inquietud de construir algo propio.

Con los años y mucho trabajo, logré levantar una pequeña empresa industrial en el Norte del país

No fue algo que sucediera de la noche a la mañana fueron años de esfuerzo para construirla.

Y cuando finalmente lo logramos, tomé una decisión que en ese momento pensé que era la correcta: En lugar de quedarme con las utilidades, preferí reinvertirlas en mi propia ciudad.

Siempre hemos tratado de observar nuestra comunidad, escuchar lo que necesita y encontrar oportunidades donde otros quizá no las han visto.

Fue así como Heydi y yo vimos una nueva oportunidad.

“JORLEB: UNA OPORTUNIDAD QUE NACIÓ DE OBSERVAR A NUESTRA GENTE”

Nos dimos cuenta de que en nuestra región hacía falta una opción especializada en tenis y calzado deportivo.

Comenzamos ofreciendo tenis originales, nuevos y seminuevos.
Al mismo tiempo iniciamos también con un Bazar.

Con el paso del tiempo, aquel proyecto fue creciendo.
Primero formamos una zapatería.
Después una segunda sucursal

Y así llegamos a tener dos zapaterías JORLEB y un Bazar.

En un principio, nuestra propuesta estaba enfocada en ofrecer tenis originales, nuevos y seminuevos.

Pero también aprendimos a observar la realidad económica de nuestra gente.
Nos dimos cuenta de que no todas las familias tenían las mismas posibilidades.

Y comprendimos que, aunque muchas personas deseaban adquirir productos originales, sus circunstancias económicas no siempre se los permitían.

Por eso decidimos ampliar nuestras opciones.
Comenzamos también a ofrecer tenis que no fueran originales, pero que fueran económicos y de buena calidad.
Lo hicimos pensando en las posibilidades de las personas y en la realidad económica de muchas familias.

Porque para nosotros no se trataba únicamente de vender.
Se trataba de ofrecer alternativas.
De entender que cada familia tiene una situación diferente.
Y de procurar que más personas pudieran encontrar algo que se adaptara a sus necesidades y a su presupuesto.

Así fue creciendo JORLEB.
Pero al mismo tiempo, nuestra vida se había convertido en una constante responsabilidad.

Yo continuaba atendiendo mi pequeña empresa industrial en el Norte, mientras en Ciudad Valles teníamos las dos zapaterías y el Bazar.

En total, eran cinco negocios que requerían de nuestra atención.

Por cuestiones familiares, también tomé la decisión de que Heydi pudiera estar más al pendiente de nuestros hijos.

Para mí era importante que ella pudiera acompañarlos, cuidarlos y estar presente durante su crecimiento.
Por eso decidimos apoyarnos también en personal que pudiera ayudarnos a atender los negocios.

Y como sucede en cualquier emprendimiento, tuvimos experiencias de todo tipo.

Conocimos personas honestas, responsables, trabajadoras y comprometidas.

Personas que hicieron bien su trabajo y que siempre hemos sabido valorar y agradecer.

Pero también tuvimos algunas experiencias difíciles.

Hubo algunas personas que no cuidaron nuestros establecimientos con el mismo compromiso con el que nosotros los habíamos construido.

En determinados momentos enfrentamos situaciones relacionadas con el mal uso de la confianza depositada y con un uso inadecuado de nuestras instalaciones.
Pero queremos dejar algo muy claro:
No todos los trabajadores son deshonestos.

Sería injusto generalizar.
A lo largo de nuestra vida hemos conocido muchas personas buenas, honestas y responsables.
Personas que han trabajado dignamente.

Personas que han cumplido con su responsabilidad.

Y personas que han dejado una buena huella en nuestros proyectos.

Por eso no juzgamos a todos por las acciones de unos cuantos.

Preferimos hablar de experiencias particulares y quedarnos con el aprendizaje.

Porque cada situación difícil también nos enseñó a ser más cuidadosos y a valorar todavía más a las personas que trabajan con honestidad.

“JORLEB Y EL APOYO AL DEPORTE”

JORLEB también nos permitió acercarnos todavía más a nuestra comunidad.

Siempre hemos creído en el valor del deporte como una herramienta para ayudar a los niños y jóvenes a crecer, mantenerse enfocados y construir sueños.

Pero también sabíamos que no todas las familias tenían las mismas posibilidades.

Había jóvenes con talento, disciplina y deseos de salir adelante, pero que en ocasiones necesitaban algo tan básico como unos buenos tenis, una mochila o algún artículo deportivo.

Por eso, dentro de nuestras posibilidades, decidimos apoyar a algunos deportistas de nuestra comunidad.

En diferentes momentos tuvimos la oportunidad de colaborar con ellos proporcionándoles tenis, mochilas y algunos artículos deportivos.
No lo hicimos buscando reconocimiento.

Lo hicimos porque entendíamos que detrás de cada joven había un sueño.

Y quizá para nosotros entregar un par de tenis o una mochila podía parecer algo pequeño, pero para un joven que estaba luchando por alcanzar una meta podía significar mucho.

JORLEB fue mucho más que dos zapaterías y un Bazar.

Fue una etapa de crecimiento.
Fue una etapa de trabajo.
Fue una etapa de aprendizajes.

Y también fue una etapa en la que descubrimos que un negocio puede convertirse en una herramienta para aportar algo positivo a nuestra comunidad.

“CUANDO TUVIMOS QUE TOMAR NUEVAS DECISIONES”

Es importante aclarar algo: JORLEB no quebró.

Las circunstancias fueron cambiando poco a poco.

Atender cinco negocios, mantener mi empresa industrial en el Norte y al mismo tiempo estar pendiente de nuestra familia se volvió cada vez más complicado.

La distancia hacía difícil que pudiera ir constantemente al Norte a atender mi empresa y, al mismo tiempo, estar presente en los negocios de Ciudad Valles.

Por eso decidimos cerrar el Bazar.
No porque nuestras zapaterías hubieran quebrado.

No porque todo hubiera salido mal.
Simplemente porque ya no era posible atender tantas responsabilidades de la misma manera.

Así continuamos únicamente con nuestras dos zapaterías JORLEB.
Pero con el tiempo también comenzaron a presentarse dificultades en mi pequeña empresa industrial del Norte, que durante mucho tiempo había sido nuestro principal sustento.

Ya no podía atenderla como antes.
Las distancias y las responsabilidades se fueron acumulando.

Y mientras tanto, mantener nuestras dos zapaterías requería cada vez más esfuerzo.

Los recursos disponibles comenzaron a ser más limitados.

Y nuevamente tuvimos que sentarnos a pensar.
¿Qué podíamos hacer?
¿Qué nueva oportunidad podíamos encontrar?
Y entonces hicimos algo que ya habíamos aprendido durante toda nuestra vida:
Observar.
Pensar.
Buscar una oportunidad.

Y atrevernos a comenzar nuevamente.

Fue entonces cuando surgió una idea.
Una idea que estaba relacionada con algo que siempre nos había gustado:
Lo artesanal.
La comida hecha con paciencia.
Los sabores auténticos.
La leña.
El fuego.
Los procesos tradicionales.

Y nos dimos cuenta de que en nuestra región prácticamente no existía una propuesta como la que nosotros imaginábamos.

Una pizza verdaderamente artesanal y gourmet, cocinada en un horno artesanal de adobe, con 100% leña y sin gas.

Vimos una oportunidad.
Y decidimos apostar.
Así nació Giuseppe Pizzas a la Leña.

“EL NACIMIENTO DE GIUSEPPE”

Giuseppe no nació de una gran inversión.
No nació de una herencia.
No nació porque tuviéramos el camino fácil.
Nació de volver a empezar.
Nuestros comienzos fueron sencillos.

Comenzamos únicamente con venta de pizzas para llevar.
No teníamos mesas.
No teníamos un gran salón.
No comenzamos como un restaurante tradicional.
Comenzamos con nuestro horno artesanal de adobe.
Con nuestra leña.
Con nuestras manos.
Con nuestra experiencia.

Y con las ganas de demostrar que una pizza verdaderamente artesanal, cocinada en un horno de adobe y con 100% leña, podía conquistar el corazón de nuestra gente.

Era un proyecto familiar.

Y queríamos estar presentes en cada parte de él.
Cada pedido significaba mucho para nosotros.
Porque detrás de cada pizza había una historia.

Había una familia que estaba apostando nuevamente por sí misma.
Había dos personas que habían tenido que empezar de nuevo.

Y había un sueño que poco a poco comenzaba a tomar forma.

“CUANDO HEYDI ENFERMÓ”

Fue durante nuestra etapa con Giuseppe cuando nuestra familia tuvo que enfrentar una situación muy difícil.
Heydi enfermó de gravedad.
Durante aproximadamente ocho meses, tuvo que permanecer prácticamente ausente de la pizzería y concentrarse en su recuperación.

Nuestra prioridad era su salud.
Pero al mismo tiempo, el negocio tenía que continuar.

Aquello que habíamos comenzado juntos tuvo que seguir adelante mientras ella atravesaba su proceso de recuperación.

Fue entonces cuando tuve que asumir muchas más responsabilidades.

Y también tuvimos que contratar más personal.

No porque hubiéramos dejado de querer estar presentes.

Sino porque las circunstancias de la vida nos obligaron a reorganizarnos
mientras Heydi se recuperaba, necesitábamos encontrar la manera de mantener Giuseppe funcionando.

Y nuevamente tuvimos que confiar en otras personas para que nos ayudaran a cuidar aquello que con tanto esfuerzo habíamos construido.

“LAS EXPERIENCIAS QUE TAMBIÉN NOS DEJÓ GIUSEPPE”

Durante esta etapa también vivimos experiencias muy diferentes.

Conocimos personas buenas, honestas, trabajadoras y responsables.
Personas que cumplieron con su trabajo y que estuvieron con nosotros en momentos en los que realmente las necesitábamos.

Pero también tuvimos algunas experiencias difíciles.
Hubo personas que no cuidaron nuestra pizzería con el mismo compromiso con el que nosotros la habíamos construido.

En determinados momentos enfrentamos situaciones relacionadas con el mal uso de nuestras instalaciones, de nuestros recursos y de la confianza que habíamos depositado en algunas personas.

Algunos de nuestros propios clientes llegaron a presenciar determinadas situaciones y malos tratos que nosotros mismos no hubiéramos querido que ocurrieran dentro de Giuseppe.
Fueron experiencias dolorosas.
Porque cuando uno construye algo con esfuerzo, duele ver que alguien más no lo valore de la misma manera.

Pero nuevamente aprendimos algo:
No todas las personas son iguales.
Así como tuvimos experiencias difíciles, también tuvimos la fortuna de conocer personas honestas, responsables y trabajadoras.
Por eso jamás sería justo generalizar.
No todos los trabajadores son deshonestos.

Hay muchas personas buenas que trabajan todos los días con dignidad y compromiso.

Nosotros preferimos quedarnos con el aprendizaje y no con el resentimiento.
Con el tiempo entendimos que confiar en una persona no significa dejar de ser cuidadosos.

Y aprendimos algo que para nosotros fue muy importante:
Cuando se va a contratar a alguien, no siempre basta con hacer una llamada telefónica para pedir referencias.

Una llamada puede ser insuficiente.
También aprendimos que, cuando las circunstancias lo permiten, es importante acudir personalmente a las empresas anteriores o buscar referencias directamente con antiguos patrones y conocer un poco más sobre la trayectoria laboral de la persona que se está considerando contratar.

No lo decimos para juzgar a nadie lo decimos porque nosotros también aprendimos de nuestros propios errores.

Y porque cuando uno construye un negocio con tantos años de esfuerzo, aprende que debe cuidar cada decisión.

“CUANDO LAS PERSONAS JUZGAN UNA HISTORIA SIN CONOCERLA COMPLETA”

Todo lo que hemos vivido también nos ha enseñado a mirar a los demás con más empatía.

Sabemos que muchas veces las personas se forman una opinión basándose únicamente en lo que alguien más les cuenta.

A veces escuchan un comentario.
A veces un rumor.
A veces un chisme.

Y sin conocer toda la historia, terminan juzgando.

Nosotros entendemos que cada persona tiene derecho a pensar lo que quiera.

Pero también creemos que antes de juzgar una historia, sería bueno conocer las dos partes.

Porque detrás de un negocio existen circunstancias que muchas veces nadie ve.
Hay enfermedades.
Hay problemas familiares.
Hay sacrificios.
Hay decisiones difíciles.
Hay errores.
Hay momentos que no se cuentan.
Y también hay aprendizajes.
Por eso nosotros preferimos no responder a cada comentario ni entrar en discusiones.
Preferimos seguir trabajando.
Seguir construyendo.
Y dejar que nuestras acciones hablen por nosotros.
Porque el tiempo termina mostrando quiénes somos realmente.

También hemos aprendido que, en ocasiones, cuando alguien comienza a crecer, a brillar o a construir algo diferente, no todas las personas lo reciben de la misma manera.

Hay quienes se alegran sinceramente por los logros de los demás.
Y también existen personas a quienes el brillo ajeno puede incomodar.

Nosotros no queremos juzgar a nadie por eso.

Cada persona tiene su propia historia y sus propias luchas.

Pero creemos que la luz de una persona no necesita apagar la de otra.
Hay espacio para que todos podamos crecer.

El éxito de alguien más no debería ser motivo de enojo o resentimiento.

Al contrario.
Cuando alguien logra salir adelante después de haber comenzado desde abajo, debería ser una historia que inspire.

Porque nosotros sabemos lo que significa empezar de cero.

Y por eso también sabemos que cada persona merece la oportunidad de escribir su propia historia.

“APOYAR A NUESTRA CIUDAD”

Durante nuestra etapa con Giuseppe también hemos tenido la oportunidad de compartir un poco de lo que hacemos con personas que, en diferentes circunstancias, han necesitado de una mano amiga.

En algunas ocasiones hemos llevado pizzas y alimentos al Hospital General, pensando no solamente en quienes atraviesan un momento complicado de salud, sino también en sus familias.

También hemos tenido la oportunidad de compartir pizzas con niños de Casas Hogar y colaborar, dentro de nuestras posibilidades, con algunas escuelas.

En otros momentos hemos podido apoyar económicamente a personas mayores que atravesaban alguna necesidad, procurando hacerlo siempre con respeto y discreción.
También hemos tenido la oportunidad de regalar sillas de ruedas a personas que las necesitaban.

Para nosotros, más que entregar un objeto, significaba contribuir, aunque fuera un poco, a que alguien pudiera recuperar movilidad, independencia o una parte de su libertad.

Cada una de estas acciones las hemos realizado desde nuestras posibilidades y con mucha cautela.

No pretendemos decir que podemos resolver las necesidades de todos.
Sabemos que no es así.

Tampoco creemos que ayudar nos haga mejores que nadie.

No pretendemos decir que podemos resolver las necesidades de todos.
Sabemos que no es así.

Tampoco creemos que ayudar nos haga mejores que nadie.

Simplemente hemos aprendido que, cuando la vida nos permite compartir un poco de lo que tenemos, vale la pena hacerlo.

No lo hacemos para presumirlo.
Tampoco esperamos reconocimiento.
Lo hacemos porque forma parte de nuestra manera de entender la vida.
Porque nosotros sabemos lo que significa comenzar desde abajo.
Sabemos lo que significa luchar por cada oportunidad.

Y sabemos que, en algún momento de la vida, cualquiera de nosotros puede necesitar la ayuda de alguien más.
A veces ayudar puede significar llevar una pizza.

A veces compartir un alimento.
A veces apoyar económicamente a una persona mayor.
A veces regalar una silla de ruedas a quien la necesita.

Y otras veces simplemente significa detenerse, escuchar y tratar a alguien con dignidad.

Creemos que la solidaridad debe hacerse con el corazón y, siempre que sea posible, con discreción.
Porque el verdadero valor de ayudar no está en que los demás sepan que lo hicimos.

Está en saber que, por un instante, pudimos hacer un poco más llevadero el camino de otra persona.
Y quizá eso también es parte de lo que queremos que nuestros hijos aprendan de Giuseppe: Que un negocio puede generar ingresos, pero también puede convertirse en una oportunidad para compartir.

Que crecer no significa olvidarse de quienes tienen menos.

Y que, cuando la vida nos permite estar en una posición desde la que podemos ayudar, debemos hacerlo con humildad, respeto y empatía.

“APOYAR AL COMERCIO LOCAL”

También creemos profundamente en el valor de apoyar al comercio local.
Porque nosotros sabemos lo que significa comenzar un negocio desde cero.

Sabemos las horas de trabajo que hay detrás de una pequeña empresa.
Las preocupaciones.
Los riesgos.
Los sacrificios que muchas veces nadie ve.

Por eso, siempre que tenemos la oportunidad, procuramos apoyar a otros emprendedores y negocios de nuestra región.

Porque cuando compramos a un negocio local, cuando recomendamos el trabajo de alguien de nuestra comunidad o cuando elegimos consumir con nuestros propios vecinos, no solamente estamos comprando un producto o un servicio.
Estamos ayudando a que una familia siga adelante.

Estamos contribuyendo a que un emprendedor pueda mantener su negocio.

Estamos haciendo que el esfuerzo de alguien más también tenga la oportunidad de crecer.

Nosotros sabemos que nadie construye algo completamente solo.
Detrás de cada negocio local hay una familia, un sueño y muchas horas de trabajo.

Y así como nosotros soñamos con que Giuseppe crezca y algún día pueda convertirse en algo mucho más grande, también deseamos que otros negocios de nuestra ciudad tengan la oportunidad de crecer y prosperar.

Porque creemos que:
Una ciudad no crece cuando solamente crece un negocio.

Una ciudad crece cuando sus familias, sus emprendedores y sus pequeños comercios crecen juntos.

Por eso queremos seguir apostando por Ciudad Valles.
Apoyando a nuestra gente.
Consumiendo local.
Colaborando con otros emprendedores.

Y recordando siempre que, cuando nos damos la mano entre nosotros, todos podemos avanzar un poco más.

“LO QUE QUEREMOS DEJARLE A NUESTROS HIJOS”

Todo lo que hemos vivido también es parte de lo que queremos enseñarles a nuestros hijos.

Hoy ellos forman parte de Giuseppe y, desde la pizzería, también están aprendiendo el valor del trabajo.
No queremos que crezcan pensando que las cosas se consiguen fácilmente ni que el éxito consiste solamente en tener más.

Queremos que aprendan que detrás de cada plato, de cada pizza, de cada negocio y de cada familia existe el esfuerzo de alguien.

Que sepan que nadie es más que nadie por tener más dinero, una profesión, un negocio o una posición diferente.

Que aprendan a mirar a las personas con respeto y con empatía.

Porque nosotros sabemos lo que significa empezar desde abajo.
Sabemos lo que significa trabajar bajo el sol, caminar bajo la lluvia, tocar puertas y comenzar nuevamente cuando las cosas no salen como esperábamos.

Y queremos que nuestros hijos nunca olviden de dónde venimos.
Queremos que sepan que sus padres alguna vez caminaron las calles vendiendo comida.

Que hubo momentos en los que tuvimos muy poco.

Y que cada paso que dimos fue construido con trabajo.

Por eso, cuando nuestros hijos están aquí en Giuseppe, no solamente están ayudándonos en una pizzería.
Están aprendiendo una lección de vida.
Están aprendiendo que el trabajo se respeta.

Que las personas se valoran.
Que nadie debe avergonzarse de comenzar desde abajo.
Que tener éxito no debe hacernos olvidar nuestras raíces.

Y que, cuando algún día tengan la oportunidad de estar en una posición mejor, nunca deben mirar hacia abajo a quien todavía está luchando por llegar.

Al contrario.
Deben recordar que alguna vez nosotros también estuvimos ahí.
Queremos formar hijos que sepan trabajar, pero también hijos que sepan agradecer.

Hijos que tengan sueños, pero que entiendan que los sueños requieren esfuerzo.

Hijos que busquen superarse, pero que nunca pierdan la humildad.
Hijos que puedan alcanzar grandes cosas, pero que sigan teniendo la capacidad de sentarse junto a cualquier persona, escuchar su historia y tratarla con dignidad.

Porque para nosotros, la verdadera riqueza no está solamente en lo que uno logra construir.

Está también en la persona en la que uno se convierte mientras lo construye.
Y si algún día nuestros hijos logran llegar más lejos que nosotros, ese será uno de nuestros mayores orgullos.
No porque hayan tenido más que nosotros.

Sino porque habrán aprendido algo que consideramos todavía más importante:
Que nunca se debe olvidar el camino que se recorrió para llegar hasta donde uno está.

Por eso Giuseppe también es parte de su aprendizaje.

Aquí conocen el trabajo.
Aquí conocen el esfuerzo.
Aquí conocen el cansancio.
Aquí conocen la responsabilidad.

Pero, sobre todo, aquí están aprendiendo algo que queremos que los acompañe durante toda su vida:
Que todos merecemos respeto.
Que nadie es más que nadie.

Y que la humildad no significa pensar menos de uno mismo, sino recordar siempre de dónde venimos y tener la sensibilidad para entender por lo que otros están pasando.

Porque nosotros no queremos dejarles solamente un negocio.
Queremos dejarles valores.
Queremos dejarles una historia.
Y queremos que, cuando algún día hablen de sus padres, puedan decir:
“Nos enseñaron que se puede empezar desde abajo, trabajar con dignidad, equivocarse, volver a levantarse y nunca olvidar a la gente que camina a nuestro lado.”

“UNA HISTORIA QUE TODAVÍA NO TERMINA”

Por eso nuestra historia no busca dar lástima.

Busca conectar.
Porque quizá alguien que hoy está sentado en Giuseppe también tuvo que irse de Ciudad Valles para buscar oportunidades.

Quizá alguien está empezando de cero.
Quizá alguien perdió un negocio, un empleo o un sueño.

Quizá alguien está luchando todos los días para construir algo para su familia.

A todos ellos quiero decirles algo:
Nosotros también hemos estado ahí.
Y si algo me ha enseñado este camino es que a veces la vida te obliga a empezar de nuevo.

Pero empezar de nuevo no significa que hayas fracasado.

A veces significa que estás construyendo una historia que todavía no termina.

Giuseppe nació de una oportunidad que vimos, pero se construyó con todo lo que somos:
Nuestro trabajo.
Nuestros errores.
Nuestros aprendizajes.
Nuestras raíces.
Nuestra familia.
Nuestra fe.

Y nuestro amor por esta tierra.
Porque nosotros no regresamos a Ciudad Valles solamente para abrir una pizzería.

Regresamos para apostar por nuestra gente, por nuestra ciudad y por la idea de que también aquí se pueden construir grandes historias.

Y quizá por eso, cada pizza que sale de nuestro horno representa mucho más que una comida.

Representa el camino que recorrimos para llegar hasta aquí.

Representa las calles que caminamos.
Los años que vivimos lejos.

Las veces que tuvimos que empezar.
Los sueños que construimos.
Los errores que nos enseñaron.
Las personas que nos ayudaron.
Las personas que nos dejaron aprendizajes.

Los momentos difíciles.
Las oportunidades.
Y la decisión de nunca dejar de intentarlo.

Porque antes de cocinar pizzas a la leña, aprendimos a cocinar sueños con lo poco que teníamos.

Y quizá ese sea el verdadero significado de Giuseppe.
No es solamente una pizza.

Es el resultado de dos personas que aprendieron desde niños que el trabajo dignifica, que la humildad no se pierde cuando se alcanza el éxito y que nunca debemos olvidar nuestras raíces.

Es la historia de una familia que tuvo que comenzar varias veces.

De dos personas que alguna vez caminaron las calles buscando oportunidades y que hoy siguen caminando, pero ahora con un sueño diferente:

Construir algo que permanezca.
Algo que nuestros hijos puedan mirar algún día y comprender que las cosas que realmente valen la pena no siempre se heredan.

A veces se construyen desde cero.
Con esfuerzo.
Con errores.
Con caídas.
Con esperanza.
Y, sobre todo, con la decisión de no rendirse.

No heredamos un camino; lo construimos con nuestras manos para dejar una historia.

“Esta es nuestra historia”
Esta es la historia de Giuseppe.
José Luis de la Rosa & Heydi Robledo
Giuseppe Pizzas a la Leña

De nuestras raíces, nuestro esfuerzo y nuestros sueños.

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Carranza
Ciudad Valles
79000

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