26/09/2024
Hay un tipo de tristeza que viene de saber demasiado, de ver el mundo en su forma clara y distinta y que está próxima a su rígida verdad. Es la tristeza de entender que la vida no es una gran aventura sino una serie de pequeños e insignificantes momentos. Que el amor no es un cuento de hadas sino una emoción frágil dada nuestra humanidad, proporcionalmente fugaz a tu capacidad de luchar a la mano de tu amor propio y amenazado constantemente por las carencias y vacíos que aunque son independientes al amor, lo tienden a devorar. Que la felicidad no es un estado permanente, sino una rara y fugaz vista de algo que "nunca" podemos sostener por más del tiempo que el que dura tu energía y esa paz personal tan difícil de colectar en un mundo que ese fruto se ha vuelto escaso pero deseado por todos. Y en ese entendimiento, hay una profunda soledad, una sensación de estar aislado del mundo, de otras personas y de uno mismo, para ofrecernos el aprendizaje del que muchos pasan huyendo toda su vida, y viven secuestrados y cuasi enamorados de una dulce Anciedad. La tristeza es un mundo donde se disgrega el tiempo, se ruptura la razón para ser fértil el sembrar la reflexión, perdon, flor de paz, superación y nutrir los árboles Árboles de amor propio alquimia universal que crea luz de la inmensa obscuridad.
Divagar disléxico de Alexander Kaoss.