29/05/2026
En las montañas de Fraijanes, donde la neblina baja despacio como un suspiro del amanecer, nace un café que parece guardar secretos antiguos entre sus granos. Dicen los abuelos que el aroma del café de Fraijanes no solo despierta el cuerpo, sino también la memoria.
Hace más de doscientos años, los sacerdotes jesuitas llevaron las primeras plantas de café a esta tierra fértil, cerca de las laderas alimentadas por la ceniza del Volcán Pacaya. Desde entonces, cada cosecha carga un poco del fuego del volcán y un poco de la humedad de los lagos cercanos.