20/10/2016
Hoy he visto algo que creo que debo compartir. Resulta que existe un proceso industrial destinado al compostaje de cadáveres de animales. Todos aquellos que ya lo conocíais, disculpad mi ignorancia o ingenuidad, que no sé qué es peor. El caso es que la experiencia de presenciar algo así supera, y con mucho, cualquier visita a un matadero (cuya excursión organizada recomiendo a todos aquellos que tengáis hijos en edad escolar). La incisiva pestilencia a vísceras y sangre coagulada quedará impresa para siempre en tu cerebro. Con suerte, alterará algunasde tus conexiones sinápticas y ese es, precisamente, el paso necesario y definitivo para tomar consciencia. Las personas, mayoritariamente, no son malas, ni indiferentes. Seguramente, tampoco sean especialmente egoístas. La mayoría de la gente está dormida. Tenemos puesto el piloto automático desde que nos levantamos hasta que nos acostamos. Masticamos y deglutimos,deglutimos y eructamos, eructamos y conducimos, conducimos y trabajamos, trabajamos e interaccionamos, interaccionamos y ¿amamos?... Todo ello lo hacemos dormidos. Imaginémonos que nos dieran la oportunidad de volver a vivir nuestras vidas pero con el orden cronológico alterado, organizado en bloques de actividades y en función del nivel de consciencia que apliquemos a cada una de ellas. Así, primero nos pasaríamos años durmiendo,después dedicaríamos meses enteros a ingerir alimentos y su consiguiente proceso digestivo. Semanas esperando ante un semáforo en rojo. Otras tantas semanas teniendo s**o (¿permanecemos más tiempo contemplando un semáforo que amándonos los unos a los otros? puede ser...) Y, a medida que nos acercamos al final de nuestras vidas, revivimos aquellos momentos en los que hemos sido plenamente conscientes. Cuando nos hemos sentido enfadados, cuando hemos llorado, cuando nos han humillado, cuando hemos reído, cuando hemos amado y nos hemos sentido amados y, finalmente, cuando hemos experimentado esa cálida y reconfortante sensación de que nos amamos a nosotros mismos. Qué bonito, ¿no?, pues todo eso, realmente, ya lo has vivido. Sin embargo, todas esas sensaciones no son más que experiencias inconexas en un océano de indolencia y sopor. Y ese es nuestro gran problema: deambulamos como zombies vadeando un sistema que alterna, deliberada y aleatoriamente (valga el oxímoron), incentivos y coerciones. Y así nos quieren. Por eso, cualquier movimiento que respete a los animales y a las personas siempre supondrá una amenaza al orden establecido. Todos los que ya estáis aquí habéis llegado siguiendo vuestra voz interior y aquel que sigue su propia voz es invencible. A todos los que nos os habéis resignado a que aquel horizonte infinito que contemplábais en vuestra niñez se convirtiera en una desvencijada vía de único sentido, gracias. Mañana, cuando espéreis ante el semáforo, sonreíd.