15/07/2022
Buenas tardes, me veo en la obligación de llegar a este punto porque necesito expresar como me siento. Yo amaba mi profesión: la hostelería. Amaba tener mi negocioy levantarme a trabajar todas las mañanas a atender a mi clientes. Amaba la cercanía con ellos y sobretodo sentir que formaba parte de un barrio en el que colaboraba para que hubiera ambiente, cultura y diversión mediante la organización de eventos de todo tipo: papaenoladas, conciertos de flamenco, recitales poeticos, actos beneficos con protectoras de animales, etc. El alquiler era caro si, pero poco a poco y con mucho esfuerzo iban saliendo los números, eso si, descansando una tarde a la semana y durmiendo muy poco pero, era mi sueño.
Entonces llegó la pandemia. Ahí se torció todo. Te cierran. Te abren. Vas esquivando las fases y los aforos como buenamente puedes. Entonces empiezan los problemas. Un alquiler de 2400 euros más IVA en Parque Alameda empieza a ser in inviable. Entonces tienes que tomar la decisión que ves que toman muchos. La diferencia es que muchos de tus compañeros lo hacer conjuntamente con sus caseros. Se les perdona el pago de las cuotas mientras el bar o local esté cerrado. A mi no.
Igualmente decido que no puedo abonar dichos importes si estoy cerrado. Algo lógico ya que estamos todo el mundo en nuestras casas evitando el ma***to bicho. Una vez nos abren y van permitiendo aforos se decide conjuntamente con mi abogado ir pagando proporpocionalmente según el porcentaje de apertura de mi local permitido por el gobierno. Ambas cosas no cuadran en la cabeza de mi casero y decide denunciarme.
Tras meses y meses luchando por sacar el negocio adelante, el ma***to virus hace que la gente aparte de enfermar en salud enferme en las carterasy poco a poco mi bar ve cómo sus clientes vienen menos que antes o toman menos consumiciones o comidas que antes. Empieza el agujero. Intento hablar con el casero. Pedirle una reducción de alquiler de local a más o menos equiparable al resto de alquileres de la zona ya que el mío es el más caro en todo el barrio. No obtengo respuesta.
Vamos sorteando poco a poco la situación y de repende llega una guerra. Suben los precios, reducen los productos los proveedores, la gente tiene aún menos dinero y con ello mi bar aún más vacio. Es por ello que el peor de mis destinos está a la vuelta de la esquina. Tengo que cerrar. Y empieza otra guerra.
De repente llega una buena noticia, la sentencia por la que estaba denunciado sale a nuestro favor. El juez reconoce que debería de haber habido algun tipo de apoyo o consenso en la reducción de los costes del alquiler en los dos años que ha durado la pandemia y acuerda un dictamen en el que tanto el casero como hostelero deberían de estar satisfechos. Pero él no.
Llega el momento del cierre y con ello la devolución de la fianza. Se le invita a venir antes del cierre a ver el estado de local y hacer juntos el recuento del inventario para que quede todo en orden pero no contesta y no se presenta. Cierro el local sin haber tenido contacto ninguno con el casero y echandome por tierra todos los posibles inquilinos que estaban interesados en el traspaso del local.
Un mes y medio después del cierre os resumo mi situación actual, ya de por sí muy triste por haber tenido que echar el cierrre de algo por lo que tanto luché. El casero ha vuelto a recurrir la sentencia de los pagos de la pandemia ( la cual estuvimos más de 6 meses esperando) y no he visto la fianza aún a día 16 de julio del 2022.
Este comunicado lo envío para que la gente conozca cómo es la situación de un hostelero vallisoletano desganado y devastado por una situación sanitaria, econónica y de desemparo por un casero inhumano y egoista.
ATENTAMENTE:
Brahmcafe