13/01/2020
Allá por 1979, el 4 de mayo, inicié mi aventura hostelera en el "Sal y Pimienta" (Salpi), en principio como negocio familiar, en el que colaboraron mi esposa Lucia, mi suegra Adela y mis cuñados José Manuel y Félix.
Fueron unos comienzos ilusionantes, no exentos de esfuerzos por cumplir las expectativas de nuestra fiel parroquia de Torre Pacheco.
Fuimos y somos conocidos por las tempranas horas en las que abríamos nuestras puertas y tenemos fama de tempraneros. Eso nos llevó a la presencia de numerosos clientes, más que eso, de grandes amigos del pueblo y foráneos.
En el periplo de 40 años de servicio al pueblo, conseguimos un buen equipo de trabajo que fue muy apreciado por la clientela. A saber: María Angélica y María Rosalva (cocineras), Eli, Kelvin y José Manuel (camareros), que por su simpatía y profesionalidad realzaron el prestigio de este Bar-Restaurante; a ellos se debe, que duda cabe, "el tirón" de este establecimiento.
Por este local han pasado cuatro generaciones (abuelos, padres, hijos y nietos) a los que siempre atendimos con el máximo esmero y aprecio, pues sin su colaboración el Salpi no sería el Salpi.
Ahora, tras 40 años de servicio, ha llegado mi hora de pasar a la reserva; me toca jubilarme y abandonar este barco, al que he llevado y llevaré en el corazón, al igual que a mis amigos-clientes.
Por eso os escribo estas palabras a todos: clientes, empleados y familiares, para despedir mi mundo y en la esperanza de que no me echéis de menos, porque el negocio prospere con las nuevas técnicas y energías que impulsará mi sucesor, para que el SALPI siga siendo el estandarte hostelero de Torre Pacheco.
Un saludo para todos.