28/07/2026
Hoy Créeme cumple 10 años.
Hace una década abrí las puertas con una idea muy clara: hacer helado como yo creía que debía hacerse. Y, hoy, sigo trabajando con exactamente la misma filosofía.
Durante todo este tiempo he trabajado solo en el obrador, haciendo cada barquillo y cada helado. Han sido miles de horas de trabajo, esfuerzo y sacrificio. Horas de silencio, de pruebas, de errores y de aprendizaje. Siempre intentando hacer las cosas a mi manera, sin renunciar nunca a aquello en lo que creo y manteniendo un profundo respeto por el trabajo bien hecho.
He intentado vivir ajeno al ruido exterior. Nunca he perseguido las modas ni las tendencias. Siempre he intentado crear desde mi interior, desde mi paladar y desde las experiencias que me han marcado.
Si Créeme sigue aquí, es gracias a todas las personas que habéis cruzado la puerta de este pequeño rincón. Gracias a quienes habéis vuelto una y otra vez, a quienes nos recomendáis y habéis hecho que este lugar siga siendo pequeño, único e irrepetible.
Gracias a mis maestros, Philippe y Olivier, que me enseñaron mucho más que una profesión. Ellos me hicieron entender el verdadero significado de la palabra maestro: alguien que comparte su conocimiento con generosidad, transmite una forma de mirar el oficio y deja una huella que permanece para siempre.
Gracias a mis padres, por enseñarme el valor del esfuerzo y del trabajo honesto. A mi mujer, porque creyó en mí cuando Créeme era solo una idea y porque nunca ha dejado de hacerlo. Y, sobre todo, a mi hija, que me acompaña en esta aventura desde el mismo día que nació y ha crecido entre el aroma de la vainilla, el cacao, los frutos secos tostados, la fruta recién cortada y el olor inconfundible de los barquillos recién hechos.
Hoy sigo entrando cada mañana al obrador con la misma ilusión, la misma curiosidad y las mismas ganas de seguir haciendo helado que el primer día.
Porque, al final, Créeme nunca ha sido solo una heladería, es mi manera de entender la artesanía, la creatividad y la vida.
Chami.