18/05/2020
Anse pierde Cabo Cope: de la arrogancia al berrinche
Son como niños estos de Anse. Maleducados e irascibles, pero niños; mayorcitos y bronceados, pero niños; incívicos y amarillos, pero niños. ¡Cabo Cope ya era suyo, lo habían comprado y firmado, se habían endeudado… estaba todo hecho y, de pronto, se lo han quitado esos malvados del Gobierno regional! ¡Dos años de gestiones, maniobras y chalaneos, para esto! No hay derecho.
Esta ha sido la primera reacción. Pero a continuación, en poco más de 24 horas, los cerebros de la organización repararon en que nada bueno podían esperar de las invectivas lanzadas contra los de San Esteban, con quienes tan productivas relaciones mantienen desde hace años, y han echado mano de ese recurso, hipócrita a tope y que vienen utilizando en todo este asunto, de que ellos querían que fueran las Administraciones las que compraran Cabo Cope, pero como no lo consintieron, se vieron obligados a comprarlo, como únicos garantes de protección. Ha sido el momento ese que la fábula tan bien nos pinta: cuando la zorra (¿o era el zorro?) que, al no poder trepar a la parra y arrebatarle sus doradas uvas, cambia de parecer, repara en su impotencia y exclama aquello de “¡No están maduras!”.
Qué interesante: no lo reconocerán nunca, pero la irrupción de los ultras de Vox con la ley de Patrimonio Natural y de la Biodiversidad, de 2007, bajo el brazo, ha resultado ser el colmo proporcionado al desvarío ecopolítico de las cabecicas de los líderes de Anse, principales responsables de este espectác**o de la compraventa de Cabo Cope. Ha sido así, con ese proceder, como ese conjunto de ocultadores de una ley trascendente, ha dado ocasión de que aparezcan los oportunistas de Vox que, han interpelado a sus socios en la Asamblea y en el Gobierno, dejando a todos esos listillos (compadres del PP, rivales del PSOE, “Banco malo”, aliados del Ministerio, cierta prensa y marchantes de Anse), con el c**o al aire.
Dicen los de Anse que estuvieron dos años gestionando esa compra, con la Comunidad, con el Ayuntamiento y, se supone, con la Sareb, Con seguridad que todas esas partes conocían la Ley de Patrimonio Natural de la Biodiversidad, con su cláusula del “tanteo y retracto” (me encanta este par de tecnicismos, que invocan mecanismos administrativos fríos, indolentes, desalmados e… implacables). Sabían de esa ley, pero seguramente hicieron como que no la conocían, o que no era de aplicación, es decir, que no les convenía a ninguno; y que lo más cómodo era la chapuza, aunque consistiera en burlar la ley a sabiendas (¡insigne vocación esa de la prevaricación!) y escamotear las propias obligaciones, tanto las de las Administraciones implicadas como las de los civiles incursos. Ya culparían, si se llegara a descubrir la trapisonda, a alguien o a algo (la aparición de Pedro Costa, osado aguafiestas, resultó providencial en este aspecto y, una vez más, “matar al mensajero” fue la conocida y muy socorrida reacción de quienes son sorprendidos en sus vergüenzas).
Quiero hacer otra observación, en relación con la escandalera de algunos miembros de Anse tras verse pillados por la intervención de Vox (y en la que también agudos analistas me han hecho, a mí mismo, “aliado de Vox”), y es que estos que se escandalizan deben palparse con cuidado sus bolsillos ideológicos ya que, tanto por ser así la media regional, como por el impulso conservador, incluso integrista del conservacionismo inmobiliario, entre la militancia de Anse supongo que hay no menos de un 15 por ciento de votantes ultras; si a eso unimos casi un 35 por 100 de votantes murcianos del PP, igualmente trasladable a Anse, y a que demuestran desde hace muchos años sus excelentes relaciones con la derecha regional, ahí tenemos la imagen de Anse como una formación conservadora y cooperadora necesaria, con las peculiaridades del caso, de la indolencia política, social y ecológica de unas instituciones autonómicas deleznables. No es este cronista el que ha contribuido a darle a Vox la llave en las instituciones murcianas (ni al PP su predominio).
Quiero hacer una aportación adicional, por supuesto que indignada, en el alarmante proceso de degradación socioecológica de Anse, y es que, como producto inevitable de su institucionalización y enviciamiento por el poder y el dinero, ha perdido todo aprecio y toda reflexión por el simbolismo y por lo sagrado (peor aún: más bien parece que, incluso, se han querido apropiar estos valores… ¡que son intangibles!). Han ignorado lo que hay de sagrado en Cabo Cope, objetiva y espiritualmente, y no lo han respetarlo: menos mal que él, el Cabezo, estaba preparado, otra vez, para hacer frente al enemigo. Han querido ignorar que este Cabezo ha resistido hasta ahora el envite de anteriores codiciosos, y han perdido la capacidad de entendimiento con lo sagrado: la tierra y la vida (y eso merece castigo).
De mis viejos de la Marina de Cope aprendí el respetuoso trato a la tierra y sus favores, y siempre tuve por venerable e intocable al omnipresente Cabezo, que todo lo presidía y vigilaba. No me fue fácil mantener, y mucho menos alimentar, ese poso de atento distanciamiento hacia la naturaleza inmediata, visto el pathos destructivo de nuestra sociedad. Y ha sido mi inmersión en la cultura de los mayas del Altiplano guatemalteco lo que ha reavivado mis antiguos sentimientos. Los ecologistas venimos culpando a la cultura occidental, es decir, la nuestra, del envilecimiento y destrucción del planeta, y de ahí la alianza que –por ejemplo, en Guatemala, pero también en casi toda América y muchas partes del mundo– ecologistas y líderes indigenistas mantienen en su reivindicación de la naturaleza, pagando con frecuencia este empeño con su vida. Un principio esencial de las culturas indígenas en todo el mundo, esas mismas que nos aleccionan sobre cómo evitar la catástrofe ecológica, es que la tierra y la naturaleza ni se compran ni se venden, y de ahí su feroz oposición a empresas y negociantes que lo convierten todo en valor mercantil, despreciando la vida.
Pero no espero que los actuales dirigentes de Anse, que tan lejos de lo anterior se han situado y que montan su Fundación-chiringuito sobre el antropocentrismo más atroz, vayan ahora a enderezar su camino. Tampoco creo que la lucha entre visiones tan diferentes sobre las relaciones con la naturaleza, vaya a aplacarse fácilmente, ni siquiera que se suavice. Pero esta batalla ha acabado de la mejor manera posible, y ahora toca vigilar a esa Comunidad Autónoma, tan digna de toda desconfianza.
Y acabo invitando a la sonrisa. De las variadas perlas con que en estos días se ha querido castigar, desde el campo anseático, mi temeridad insoportable, debo destacar dos certeros calificativos, producto sin duda de muy sesudas reflexiones deductivas, aunque ciertamente opuestos: Pedro Costa es portavoz de Vox, Pedro Costa es eco-estalinista… ¡tan extremos y sugerentes que no sé con cuál quedarme! Chorradas con sonrisa, ya digo. (Menos gracia tienen las advertencias de algunos líderes de Anse –a través de otros, no a mí directamente– de que podrían demandarme por mis últimos escritos: atrévanse, venga. Y ninguna gracia tiene la advertencia, con nombre y apellidos, recibida por escrito y en mi poder: “Atente a las consecuencias”. ¡Oh!)
Qué poco sentido del humor, qué desmelene tan ridíc**o, que poca cintura. Pero, eso sí, lo que en ningún caso pienso perdonar, por la intrínseca e inexplicable perversidad con que me ha golpeado, son las siestecicas, canónicas y rutinarias que, con su arrogancia, seguida de berrinche, estos mequetrefes me han echado a perder.
Pedro Costa Morata