07/07/2012
=EL «JUICIO DE PARÍS», 1976, o el boom de los vinos californianos.=
En 1976, a un grupo de 11 distinguidos expertos en vinos les pidieron comparar algunos de los mejores vinos franceses con varias botellas californianas en una prueba a ciegas. Por aquel entonces, nadie negaba que Francia era la productora de los mejores vinos del mundo. Cuando ocurrió lo imprevisible y todos y cada uno de los jueces (nueve de ellos franceses) otorgaron las mejores calificaciones a los estadounidenses, la reacción otorgó un nuevo significado a la frase 'las uvas de la ira'. Tres decenios más tarde, la viticultura francesa sigue sin haberse recuperado por completo de aquel duro golpe del 'juicio de París', y hay a quien todavía le duele el tema demasiado como para hablar de ello.
Por aquel entonces, los franceses sacaron las uñas, aseguraron que en los resultados había sonado la flauta por casualidad y declararon que cualquiera que entendiese de vinos, sabía que sin lugar a dudas los vinos franceses eran mejores que los californianos. El comerciante de vinos Steven Spurrier, que había organizado el concurso, tuvo que salir huyendo como un agente de la pérfida Albión, mientras que los catadores galos recibieron ingentes cantidades de correo ponzoñoso por «haber traicionado a Francia».
La famosa (o infame, según se vea...) cata de París se celebró el 24 de mayo de 1976, en la terraza cubierta del Hotel Intercontinental. Spurrier, dueño de una pequeña tienda de vinos en el centro de la ciudad, junto a una escuela de vinos, quería llamar la atención sobre varios vinos excepcionales de California, desconocidos en París por aquel entonces. Así que reunió a un panel de jueces, que incluía a Odette Kahn, directora de 'La R***e du Vin de France', un excelente sommelier y el dueño de uno de los mejores restaurantes franceses.
"Era un grupo absolutamente impecable de catadores. Mi intención no era ni más ni menos que llamar la atención sobre estos nuevos vinos, pero me di cuenta de que la única forma de convencerles para probarlos era con una cata a ciegas y diciéndoles que en ella estaban algunos de los más grandes vinos franceses", explica Spurrier.
Así que enfrentó a 'grands crus' y 'premiers crus' blancos de Borgoña y 'crus classés' tintos de Burdeos contra chardonnays y cabernets californianos. "Lo había preparado todo para que ganasen los franceses. No se pone a media docena de vinos californianos desconocidos por encima de lo mejor de la flor y nata del vino francés".
Spurrier afirma que los jueces franceses trataron la cata como un ejercicio intelectual cuyo resultado estaba cantado de antemano.
"Decían cosas como 'éste es bastante potente, debe ser californiano' cuando se trataba de un vino francés, y otorgaban las calificaciones a los vinos convencidos de que eran franceses. Cuando se dieron cuenta de lo ocurrido, se produjo una consternación general", comentó. "Una de los jueces quería cambiar su calificación, así que escribió un artículo asegurando que yo había amañado la cata, pero el resto de catadores se comportó de manera educada".
"Lo que demostramos en 1976 fue que los vinos californianos superaban a los mejores franceses, y esto constituyó un toque de atención para los bodegueros franceses. Por desgracia, fue un toque al que no hicieron caso alguno".
*Una cata de futuro
La cata del 'juicio de París' de 1976 todavía llena de indignación a los franceses. No sólo porque un puñado de vinos relativamente oscuros de California derrotara a los grandes nombres franceses, sino porque todo esto ocurrió en una cata a ciegas organizada por un inglés, en París, y con un panel de jueces entre los que se incluían respetadas lumbreras del negocio del vino en Francia.
Treinta años de negación continúan enturbiando el punto de vista francés, pero la cata de París demostró ser crucial para la confianza de los vinos del Nuevo Mundo. Los norteamericanos comenzaron a comprar vinps de California, y el concepto del vino 'de lujo' para 'coleccionar' (expresión muy americana) emergió a la par que las bodegas más selectas disparaban los precios de sus pequeños lotes de vino.
Y París fue sin duda el acicate que sirvió para que se crease la 'joint venture' Mondavi-Rothschild en 1979, con la creación de Opus One, precursor de numerosos proyectos similares y de elevado perfil del Nuevo Mundo galo de la viticultura.
Lo que comenzó como una cata 'vulgar y corriente' ayudó a impulsar el aumento en la calidad y diversidad de los vinos de hoy en día. Y, aunque jamás lo admitirán nuestros vecinos galos, esta rivalidad ha elevado la calidad de sus propios vinos a nuevas alturas.
(El mundovino.com)
NB. Cuántas veces hemos asistido a situaciones parecidas, cuando se han menospreciado algunos vinos por su procedencia o uva, y probados a ciegas hemos visto nacer 'nuevos amores' donde antes había ignorancia o inclusive cierto desprecio?