Toda nuestra producción proviene de una iniciativa de comercio justo, en colaboración con una cooperativa de mujeres amazigh (bereber) de Ouiran, un pueblo del sur de Marruecos en la provincia de Agadir. El aceite de Argán es una de las bases fundamentales de la cultura amazigh. Lo han venido cultivando y usando, tanto en la alimentación como en la piel y el cabello desde hace siglos. Conocido co
mo “El árbol de la vida”, la argania spinosa alcanza entre 8 y 10 metros de altura, crece hasta 900 metros de altitud y resiste temperaturas de más de 55º centígrados. Del hueso de su fruto, se extraen las semillas del Argán. Cada árbol produce entre cuatro y seis kilos de frutos. Cerca de treinta kilos son necesarios para producir un litro de aceite de Argán
Una vez recolectado el fruto, se deja secar en las azoteas de las casa de adobe. Después de la extracción manual de la nuez, se tritura a mano entre dos piedras para sacar las semillas. Estas se muelen a mano en molinos de piedra tradicionales y la pasta cremosa y untuosa que se obtiene se amasa, añadiendo pequeñas cantidades de agua hervida. Tras treinta minutos de mezclado continuo, el aceite se disocia poco a poco del resto de la masa. Las mujeres amazigh trabajan casi un día y medio para producir un litro de aceite de Argán, en un proceso tradicional y cien por cien ecológico. El aceite de Argán está compuesto hasta en un 80% de ácidos grasos esenciales: ácido oleico (45%), ácido linoleico o vitamina F (35 %), ácido alfa-linolénico (15 %), ácido gamma-linolénico (3 %), ácido araquidónico (1%). Contiene grandes cantidades de tocoferoles o vitamina E (unos 700 mg/kg) -casi tres veces más que el aceite de oliva- carotenoides, de los que un 50% son betacarotenos, precursores de la vitamina A, fitoesteroles (D-7steroles) , que raramente se encuentran en los aceites vegetales, y esqualeno.