01/06/2026
Ricardo,
Mucho antes de que muchos soñáramos con dedicarnos a esto, tú ya estabas abriendo camino. Educaste a una ciudad entera a comer sushi y sashimi cuando todavía parecía algo lejano. Nos enseñaste el respeto por el producto, la importancia de un buen arroz y una manera de entender la cocina japonesa que ha marcado a varias generaciones.
Yo tuve la suerte de llegar a tu casa a finales de 2009. Y qué años aquellos.
Me acuerdo de aquella cocina con Iván, David, Esteban Murata, Agustín Murata y contigo al frente. Fueron años de muchísimo trabajo, pero sobre todo de muchísima felicidad. Nos lo pasábamos increíblemente bien. Había una energía especial que es muy difícil de explicar a quien no la vivió.
Y luego estaban los llenos. Los llenos de verdad. Comidas de 60 o 70 personas. Cenas de más de 100. Día tras día. Servicio tras servicio. Una maquinaria perfectamente engrasada que funcionaba al máximo nivel.
Tuvimos además la suerte de ganar una Estrella Michelin juntos. Pero cuando pienso en aquellos años, lo primero que me viene a la cabeza no son los premios. Son las risas, los servicios, los compañeros y la sensación de estar viviendo algo irrepetible.
Siempre has sido generoso compartiendo conocimiento y oportunidades. Y quizás la mejor prueba de ello es que muchos de los cocineros que hoy lideran algunos de los mejores restaurantes japoneses de Madrid han pasado por tu cocina. Algo muy bueno habrás hecho para dejar una huella tan profunda en tanta gente.
Por encima de todo, quiero darte las gracias. Gracias por la confianza, por la amistad, por las oportunidades y por haber sido un jefe del que tantos seguimos hablando con cariño años después.
Las etapas se cierran y se abren otras nuevas. Hoy termina una muy importante, pero el legado que dejas seguirá vivo en la cocina española y en todos los que tuvimos la suerte de aprender a tu lado.
Gracias por todo, Ricardo.
Te quiero mucho.