El Pimpi estaba contento,
no era para para menos
con este menú suculento:
querido por su Málaga
rodeado por la Alcazaba
y algo de Granada,
gitano privilegiado
donde los haya
que hasta el vino
lo tenía firmado. Por si esto fuera poco
aderezaba sus comidas
con cante y con poesía
todo mezclado, a lo loco
con productos de la tierra
y con algarabía. Pero nunca es suficiente
cuando además de cultivar t
omates
cultivas el alma,
aún rodeado de buena gente,
se sentía solo al llegar al alba
porque después del trabajo
todos queremos a nuestra vera
alguien que nos reciba
e incluso que nos quiera. Un día le dijo al sol
"tú que sabes de estar solo
y conoces a tanta gente
envíame a una amante
que me acompañe,
y que si no me ama,
al menos me aguante”
El astro brilló en su respuesta:
Pimpi no desesperes,
si llevar la soledad con estilo
lleva implícito un ole.