16/08/2026
A TODOS LOS HERREÑOS ❤️🌊
Y cuando digo herreños, no hablo solamente de quienes han nacido en esta isla.
Para mí, herreño es también quien llegó de otro lugar, decidió quedarse, trabaja aquí, forma aquí su familia, respeta esta tierra y, sea cual sea su nacionalidad, ama profundamente El Hierro.
Hoy no quiero escribir para denunciar, discutir ni recordar quién tenía razón.
Hoy quiero escribir para decir una palabra muy sencilla:
GRACIAS.
Gracias a todos los herreños que durante estas semanas estáis viniendo a la nueva terraza y restaurante de Puntagrande para conocernos, descubrir nuestra nueva experiencia y, sobre todo, conocer personalmente al equipo humano que hay detrás de ella.
Para mí esto es especialmente importante.
Porque Puntagrande no es solamente un edificio extraordinario frente al océano. Puntagrande son las personas que cada día trabajan, cocinan, sirven, limpian, reciben y se esfuerzan para que quien atraviese nuestra puerta viva algo especial.
Por eso me llena de orgullo ver a tantos herreños venir, sentarse en nuestra terraza, hablar con nuestro equipo, disfrutar de nuestra cocina y después dejarnos comentarios y valoraciones positivas.
Gracias por cada palabra bonita.
Gracias por reconocer el trabajo de mi equipo.
Gracias por venir con curiosidad, educación, respeto y positividad.
Y gracias también a quienes, después de conocernos personalmente, quizá han descubierto un Puntagrande diferente del que alguna vez les habían contado.
Porque no hay mejor manera de conocernos que venir, sentarse con nosotros y vivir la experiencia personalmente.
Después de ocho años, también me está ocurriendo algo que me toca profundamente.
Jóvenes herreños me paran por la calle.
Hablan conmigo.
Me dicen que conocen lo que tuvimos que vivir durante estos años mi mujer, mis hijas y yo.
Algunos incluso me han pedido disculpas.
Y quiero decirles algo públicamente:
No tenéis que pedirme perdón por algo que vosotros no hicisteis.
Pero vuestro gesto tiene para mí un valor enorme.
Porque significa que podemos cerrar heridas, conocernos mejor y empezar una etapa diferente.
Yo no quiero vivir mirando hacia atrás.
Quiero mirar hacia adelante.
Y delante de nosotros tenemos ahora un muelle de Punta Grande reformado, un espacio extraordinario que merece ser disfrutado y, sobre todo, cuidado.
Mi sueño es muy sencillo.
Me gustaría poder caminar por ese muelle incluso descalzo.
Que esté limpio.
Que quien venga con su perro recoja sus excrementos.
Que el muro de Puntagrande no vuelva a convertirse en un lugar donde dejar botellas, latas, bolsas y basura.
Que todos entendamos que cuidar este lugar no corresponde solamente al Ayuntamiento, al Cabildo, a Costas, a Puntagrande o a determinadas personas.
Nos corresponde a todos.
Y me gustaría también algo tan sencillo y útil como una ducha de agua dulce, correctamente instalada e integrada, para que quien disfrute del mar pueda quitarse la sal después del baño.
Son pequeñas cosas que pueden transformar un espacio.
También sé que existe otra cuestión que durante años ha generado discusión: los coches.
Antes existía la costumbre de llegar prácticamente hasta el final del muelle en coche.
Hoy hay que caminar aproximadamente 50 metros.
Yo pregunto:
¿Realmente caminar 50 metros frente al océano es un problema?
Yo creo que no.
Creo que esos 50 metros pueden convertirse en 50 metros recuperados para las personas.
50 metros para caminar.
50 metros para escuchar el océano.
50 metros para respirar.
50 metros para detenernos y mirar uno de los paisajes más increíbles de El Hierro.
50 metros donde nuestros visitantes puedan descubrir Punta Grande sin encontrarse una fila de coches aparcados delante del mar.
Las costumbres forman parte de nuestra historia y merecen respeto.
Pero las costumbres también pueden evolucionar y cambiar a mejor.
Cambiar no significa perder nuestra identidad.
Puede significar precisamente protegerla.
Yo no quiero un Punta Grande de turistas contra herreños.
No quiero un Punta Grande de hotel contra pescadores.
No quiero vecinos contra empresarios.
No quiero un “nosotros” contra “ellos”.
Quiero convivencia.
Que quien quiera pescar pueda hacerlo respetando a quien quiere pasear.
Que quien quiera bañarse encuentre un espacio limpio.
Que quien quiera contemplar el océano pueda hacerlo tranquilamente.
Que quien venga de fuera comprenda que está entrando en un lugar con historia y lo respete.
Y que nosotros, quienes vivimos aquí, seamos los primeros en dar ejemplo.
Porque Punta Grande no pertenece más a quien grita más fuerte ni a quien lleva más años utilizándolo.
Es un lugar que debemos conservar entre todos.
Durante estos ocho años seguramente he cometido errores. Soy el primero en reconocerlo.
Pero nunca ha cambiado una cosa:
mi amor y mi respeto por El Hierro y mi convencimiento de que Punta Grande merece ser protegido.
Puntagrande no pide privilegios.
Pide algo mucho más sencillo:
respeto, limpieza, educación, convivencia y las mismas reglas para todos.
Y quizá haya llegado el momento de comenzar una etapa nueva.
Una etapa en la que podamos hablar más y enfrentarnos menos.
En la que podamos pensar diferente sin convertirnos en enemigos.
En la que podamos cambiar algunas costumbres cuando ese cambio mejora nuestro entorno.
Por eso hoy quiero terminar exactamente como empecé.
Dando las gracias.
Gracias a todos los herreños que estáis viniendo a nuestra terraza y restaurante.
Gracias por querer conocer nuestra experiencia.
Gracias por acercaros a conocer personalmente a nuestro equipo.
Gracias por felicitarles cuando hacen bien su trabajo.
Gracias por vuestras valoraciones y comentarios positivos.
Y gracias especialmente a quienes vienen sin prejuicios, se sientan frente al océano y descubren por sí mismos qué estamos intentando construir.
Mi equipo se merece ese reconocimiento.
Porque detrás de cada plato, cada copa, cada mesa preparada y cada sonrisa hay personas trabajando muchísimo para que Puntagrande represente dignamente a esta isla.
A los jóvenes herreños que me paran y me hablan: gracias.
A quienes alguna vez pensaron diferente y hoy se acercan: gracias.
A quienes siguen pensando diferente pero nos respetan: también gracias.
Eso es convivencia.
Después de ocho años, prefiero mirar hacia adelante.
Quiero que algún día podamos encontrarnos todos caminando por ese muelle, saludarnos y comprender que, aunque tengamos historias y opiniones diferentes, hay algo muchísimo más importante que cualquiera de nosotros: El Hierro.
Cuidemos Punta Grande.
Cuidemos nuestro mar.
Cuidemos nuestro muelle.
Cuidemos a nuestra gente.
Y consigamos que dentro de muchos años nuestros hijos puedan caminar descalzos por este mismo muelle, mirar el océano y encontrar este lugar todavía más bonito de como lo encontramos nosotros.
Entonces podremos decir que realmente hicimos algo bueno.
Gracias de corazón, El Hierro. ❤️🌊
Davide Nahmias
Puntagrande