03/12/2025
Vine al mismo lugar donde venía de niño. No sé si soy yo o es un recuerdo que camina con mis piernas. El lago está quieto, pero parece que respira; a veces creo que guarda un secreto bajo el agua, como un pez que piensa.
Miro las nubes. Son las mismas que miraba cuando corría descalzo, y me pregunto si me reconocen. Yo ya no soy el mismo, pero ellas siguen ahí, remendando el cielo como ovejas blancas que nunca envejecen.
El pino me mira. Tiene ojos de corteza y pestañas de resina. Me dio miedo saludarlo, porque sentí que sabía mi nombre. Olía a vidrio mojado, a algo que no se rompe pero que igual duele.
Dicen que la lluvia pasó de largo ayer. Yo no la vi. Tal vez se escondió detrás de una nube tímida o se quedó dormida en el bolsillo del viento. Son las seis y cuarto y el viento ya partió, como si tuviera tren. Todo el mundo se enoja con él por irse tan temprano, pero yo creo que se escapa porque tiene frío.
Mis amigos caminan conmigo, pero a veces desaparecen detrás de los árboles. No sé si son ellos, o sombras que juegan a ser personas. A ratos siento que estoy soñando, que cada paso es una palabra que nunca dije.
Es un viaje raro, como esos sueños donde uno corre sin avanzar. Camino por donde caminé antes, pero el suelo está distinto, más blando, como si guardara mis pasos antiguos. Las cosas vienen, las cosas van, y yo me quedo mirándolas, sin saber si soy el niño que corre o el hombre que recuerda.
El lago no contesta, pero algo en él me escucha.