25/09/2023
A propósito de la implantacion en el congreso de la libre expresión de sus señorías en cualquiera de las lenguas reconocidas el los diferentes estatutos de autonomía no me puedo resistir a manifestar mi opinión.
Se suele decir que los idiomas son cultura, así, si más.
Los idiomas son cultura cuando los conoces y ello te permite comunicarte con otras criaturas que no hablan el tuyo habitual.
Mientras tanto son un estorbo y como cuenta la tradición judeo cristiana, son una maldición.
Castigo divino a la soberbia de los hombres, que salvándose del diluvio universal, construían la torre de Babel para salvarse de otros que la divinidad ordenará de nuevo.
Ojalá que todos habláramos un único idioma universal.
Lo que ocurre ahora es que a los idiomas se les atribuye la función de ser un vehículo de trasmisión de etéreos valores.
Valores de identidad que según este criterio, permiten a sus hablantes sentirse humanos diferentes al resto.
Los idiomas son instrumentos de comunicación que nos permiten formar sociedades ricas y complejas para la creación y mejora de la condición humana.
Que sentido tiene en una sociedad con un idioma común, incorporar otras diferentes lenguas para entorpecer la principal función de unas cortes, que es la de debatir ???
He escuchado quién dice que ahora el congreso es más español porque las incorpora . . .
Es curioso que sin embargo, muchos de los que se alegran de esta nueva situacion, en sus ámbitos de representación, traten de restringir el uso del idioma común.
El uso de estas lenguas en el congreso es una manera de entorpecer los debates, escuchar traducciones que pueden ser sesgadas, y desde luego carentes del énfasis y la entonación que acompañan el discurso de quien expone su opinión.
A mí parecer es una muestra más de la falta de conciencia y de rigor de parte de los diputados, de cuales son de verdad sus funciones.
Una decisión torpe, inútil, cara y más propia de la estulticia que de de la sabiduría que debe de regir sus decisiones.