30/03/2020
SIEMPRE QUISE HUIR DE CHILE
Fui uno de esos que imaginó un mundo más fácil cruzando la cordillera, irme era lo mismo que escapar, pero desde el avión se ve otra cosa, se ve un pueblo reventado por una avaricia histórica, avaricia contagiada entre linajes exclusivos, una enfermedad de clan, camuflada bajo una sofisticada forma de decencia, una moral en inglés, en francés, en alemán, pero nunca en chileno, una máscara de dos caras cuya tragedia se alimenta del anhelo ajeno, de la vida ajena y de la muerte ajena, avaricia con denominación de origen que trata a sus trabajadores como niños mal portados, que estruja sus vidas con escaso dinero y mucho crédito, regulando lo que podemos comer, dónde podemos vivir, cuánto podemos gastar, hacia dónde escapar (si es que podemos escapar), esa es la queja del pueblo chileno, expropiado, bello, trabajador, vendedor, violado, mu**to, desplazado y mendicante; una queja que de tanto llorar en poemas, canciones, marchas y consignas llegó a sonar resentida y trasnochada, hasta hoy; un pueblo regentado por una casta que flota como nata caliente sobre la leche, nata que se ha vuelto rancia, requemada, amarga y que hierve sobre las escuelas y las chabolas, que no deja de morder al pobre que le da comer, de vestir, de viajar, de acumular y no contenta con eso recela de nuestro pelo con piojos, de nuestra mala educación, que se aplica en denostar nuestro vivir, en reclamar que emulemos su “decencia” o al menos nos avergoncemos por no estar a su altura, porque para ser ALGUIEN en Chile hay que SURGIR, ¿surgir hacia dónde conchas de su mala madre? Casta inculiable que se caga de la risa cuando nos ve comprar televisores en cuotas, por donde ella misma nos tienta con su evangelio avaro y nos impulsa a desear un poco de lo suyo, de su aparente belleza, de su fantasía sobre ruedas y cada vez que apagamos la tele necesitamos kilos de analgesia para comernos el hachazo que nos deja, para poder subir al metro e ir a limpiar sus orgias, porque ellos jalan de la buena pa’ callao y el pueblo se envenena con pasta base, hasta en eso nos cagan, y tenemos que ir nos guste o no, con pandemia o sin pandemia, porque hay que pagar las cuotas o entrega