Antes de estar organizados, el nivel de ingresos de los pequeños productores de café era muy bajo, dada la crisis en los precios del café que no compensaba las labores realizadas, lo que conllevó a la desmotivación del productor y su familia por la tierra y el café, y en algunos casos a la desintegración de la unidad familiar. Como consecuencia a lo anterior las familias productoras tenían poco s
entido de pertenencia por la finca hasta el punto de sustituir el café por otros cultivos, generándose también procesos de emigración del campo a la ciudad en busca de mejores oportunidades. En el año de 1992 llegó la propuesta de comercio justo de café a través de la Fundación Max Havelaar, en convenio con la Cooperativa de Caficultores del Alto Occidente de Caldas, el CRIDEC (Consejo Regional Indígena de Caldas) y EXPOCAFE.