19/04/2026
EL RESTAURANTE DE LAS PERRAS NEGRAS Por El cocinero Loco (Jorge)
Hemos reducido los restaurantes, o mejor, algunos restaurantes se han reducido a los rankings, a los eventos casi mensuales en los que, sin necesidad, los comensales deben calificar con estándares que particularmente no entendemos.
Por meses hemos pensado en abrir otra vez el restaurante y considerado todas las variables que hace más de una década tuvieron impacto en nuestra apertura, por allá en el 2012, pero hoy tuvimos que pensar en un listado de concursos, eventos y promociones que deberíamos implementar y en los que tendríamos que participar, sólo para mantenernos a flote en este cambiante y preocupante escenario.
Silenciosamente seguimos nuestra vida fuera del mercado de restaurantes, dirían algunos que, relegados a la producción de las proteínas, pero la verdad es que nuestra mente y corazón han estado siempre entre los fuegos, los sonidos de los platos y ese ruido blanco extraño que sólo se oye en los restaurantes abarrotados. Pese a nuestros deseos, la realidad es otra y los esfuerzos se están concentrando en tener los recursos para abrir un pequeño espacio en la montaña, donde sólo abramos los sábados a la hora de almuerzo y medias tardes, para luego seguirnos dedicando a la contemplación, al trabajo del campo, a los libros de Elena, a sus estudiantes, a la educación de Marti y a los alimentos de verdad.
Sí que lo pensamos diario, cuando vemos un local en Sevilla, deseando que fuera otra vez lo que un día tuvimos, pero hemos llegado a muchas conclusiones llevados por el deseo y una de ellas es seguir sembrando para que, cuando llegue el momento, podamos tener un pequeño restaurante que no sea nuestro sustento económico, sino el de nuestros más sencillos placeres. Sin concursos ni rankings, sin la obligatoriedad de tener en la carta hamburguesas que parecen adefesios de sabores y tamaños, pero si con alimentos con olores a leña, a humo real, a plantas tan clorofiladas (esta palabra no existe), a gente que sepa nuestros nombres y nosotros los suyos, todo mientras nuestras perras negras los reciben meneando sus colas y suplicando caricias de extraños.
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