01/09/2013
Rómpase el Florero de Llorente en nuestro Departamento, con civilidad, con paz, sin violencia y detengamos esta impiedad con que los politiqueros han regido nuestros destinos.
Cuenta la historia que entre 1780 y 1790, se inició una revuelta generada por el exceso de impuestos que ahogó al pueblo, un extenuante sobrecosto en la vida de la Colombia. Gran caudillo aquel Antonio Galán, que dio los primeros pasos hacia una gran revolución, el dio la vida en aras de un cambio, todos sus seguidores también dieron la vida en aras de un futuro que visualizaron, “La República autónoma por la colonia represiva”.
Aquella lucha y entrega de la vida, culminó en el Grito de Independencia del 20 de julio de 1810. Allí empezó el cambio, allí se montaron las bases, la estructura que alejó de esta patria el poder asfixiante de la colonización española. Guerra a sangre y fuego, con el general Simón Bolívar a la cabeza de los ejércitos patriotas, hasta el total vencimiento al ejército español. Nace verdaderamente la República. Hubo guerras civiles aquí y allá, en el transcurso de 100 años (1810-1910) hasta que se fue estabilizando la nación como tal.
Hubo conceptos políticos como el Federalismo, la autonomía de las regiones tan necesaria hoy día. Fue la época del general Tomás Cipriano de Mosquera, un fuete para la iglesia Católica, metida en política, desviándose del concepto espiritual, generadora de varias guerras civiles en aquella época. De 1910 a 1990, con todos los vaivenes de la política, la agricultura se sostenía, se alimentaba la nación, tenía la nación su propia subsistencia alimentaria asegurada, notándose eso sí, las grandes diferencias entre la oligarquía tan pequeña y poderosa, contra la mayoría del pueblo.
Cuando la caficultura valía
La caficultura fue el fundamento del crecimiento económico de la nación por más de 80 años, en aquellos días en manos de Manuel Mejía, Míster Coffee, dignísimo patricio de la Federación Nacional de Cafeteros, gran director, honorable, prudente como él mismo. Después Arturo Gómez Jaramillo, otro patriarca de la Federación Nacional de Cafeteros de la misma talla de Manuel Mejía.
La caficultura que ni la violencia partidista de 1946 a 1963, la perjudicó, que mantuvo los niveles de vida de los caficultores en un buen estatus.
Así más o menos la agricultura nacional, después de la llegada a la Federación Nacional de Cafeteros de Jorge Cárdenas Gutiérrez, espíritu oscuro, este trajo la debacle del sector cafetero, convirtiendo una caficultura barata en sus costos, en una caficultura costosa llena de riesgos económicos para los pueblos productores del grano. Así también encareciendo la agricultura nacional, pues este señor de ideas macabras, se adueñó de los insumos necesarios para la caficultura y la agricultura general colombiana, con otras tantas familias de conceptos multimillonarios, sin valores morales, contra los pueblos agrícolas colombianos. Así, con todo y todo vivíamos dentro de una democracia.
De 1990 al día de hoy, los grandes potentados de la nación, quiero decir 60 u 80 familias, convirtieron la nación en un colonialismo falsamente democrático. Repítese la historia de 300 años de colonia, comprimida en los últimos 23 años, neoliberalismo, economía salvaje, etc., asfixiando al pueblo colombiano, con impuestos de toda índole, sobrecostos en los combustibles, sobrecosto en los insumos agrícolas, sobrecosto en el cemento, sobrecostos, sobrecostos, no falta sino en el colmo, que la iglesia Católica cobre sobrecostos por los caminos del bien y del mal.
Quebrar el florero de Llorente
Al pueblo colombiano no le queda sino una salida ante el cinismo del gobierno que dice que este tal paro no es nada. A este gobierno debe quebrársele el Florero de Llorente en la plaza Bolívar de todos los pueblos colombianos, porque el del gobierno es un cinismo depravado, de un oligarca perverso, como lo es el Congreso Nacional, que le cobija y se maneja por este tal, y la oligarquía que le rige. Quiébrese entonces este Florero de Llorente que le conceda al pueblo un cambio estructural en la política colonialista y falsa que rige los destinos de la República de Colombia.
Les propongo encarecidamente a los agricultores del departamento del Quindío una evolución rápida en la política del Departamento; convóquese a un movimiento capaz de tomarse las alcaldías de los municipios, los concejos, la asamblea departamental y la gobernación, bajo conceptos del civismo, sé muy bien que dentro del sector agrícola quindiano hay excelentes administradores, cultos, con corazones dignos de dirigir nuestros pueblos. Rómpase el Florero de Llorente en nuestro departamento, con civilidad, con paz, sin violencia y detengamos esta impiedad con que los politiqueros han regido nuestros destinos. ¿De qué han vivido ellos? De los robos, atracos a mansalva, aprovechadores de la humildad y sencillez de nuestros pueblos, manipuladores de nuestros pueblos.
Detengamos toda esta pernicia insolente con que nos han dirigido en nuestro departamento. Sírvale a la dirigencia nacional la experiencia que están viviendo con el paro nacional agrícola.
Quédele muy claro al gobierno central, que el solo sector agrícola colombiano le puede negar 3 ó 4 millones de votos. Quédele muy claro al gobierno central, que no es bueno ser como la mariposa alrededor de la vela encendida, pues se quemará.