17/06/2022
Escribo en el exilio desde un planeta remoto y oscuro llamado Tierra.
Mi historia comienza en Andrómeda, una galaxia en la que practicábamos la meditación, la comunicación telepática y el conocimiento y manejo de la energía.
Andrómeda formaba parte de la JERARQUÍA.
Un grupo de civilizaciones muy avanzadas, constituida por una infinidad de galaxias y cuyo propósito era la evolución del espíritu.
Era permitido viajar a cualquier lugar de la Jerarquía.
Pero había una zona prohibida en el universo, formado por planetas jóvenes e inestables.
Mi compañera y yo emprendimos un viaje para conocer otros lugares y desarrollar así nuestro aprendizaje.
Nos invadía un amor sobrenatural y decidimos que nos habíamos convertirdo en Dioses.
Así que atravesamos la frontera de la zona prohibida del universo, para ayudar con nuestra presencia, a los planetas jóvenes.
Irradiaba una atmósfera de temor.
De pronto, la nave perdió estabilidad, y supimos que había llegado el fin.
Fuimos trasladados al interior de una cúpula, y ahí, nos separaron.
La Jerarquía elegío el planeta Tierra para mí exilio, y el consejo consideró que once reencarnaciones sería suficientes para aprender.
Mi padre y mi maestro me acompañó mientras se hacían los preparativos para mi partida.
Antes de conectarme al mecanismo de desmaterialización, me prometió que me ayudaría.
Sus últimas palabras fueron:
"Te amo, me haré presente ante ti, cuando estés listo para regresar hacia al final de tu onceava vida".