06/04/2025
¿Han escuchado esa canción “Ojalá que llueva que crezca el cucumelo”? Bueno, una vez que llovió y el cucumelo creció.
Tierna época exploratoria. Donde nos gustaba cualquier cosa con tal de que mareara.
Interminables carretes campesinos en los que nos daba lo mismo tener que caminar 20 kilómetros o pasar “puentes” construidos literalmente con un tronco y que para pasarlo, había que tener buen equilibrio o sacarse la chucha en un riguero a 5 metros desde el “firme” puente.
En esos entonces, me juntaba mucho con el Gonzalo y el Pato, un par de vagos que conocí un día fumando afuera del liceo. No estudiaban ni trabajaban, pero siempre tenían plata para fichas en los videos y se sacaban buenos panoramas.
Con ese par de sacohueas, fue que conocí el flagelo de las dr**as: Ma*****na, San pedro, pe**te, Anfetas, Hongos y dentro de este gran abanico de callampas traídas directamente por el tío del Gonzalo desde Paraguay, está el maravilloso Cucumelo. Delicioso hongo que mágicamente hace que encuentres lindo hasta un mojón de vaca. Es muy parecido al efecto de la ma*****na, pero con la diferencia que eres mucho más afectuoso. Por ejemplo, la última vez que comí cucumelo. Me grabaron teniendo relaciones sexuales con un árbol.
En una de esas oportunidades, fuimos a un bautizo que quedaba literalmente a la conchetumadre. Caminamos casi 2 horas y cruzamos un “puente” de tablas que tenía una pendiente de 3 metros para llegar a una casa de campo, en donde nos esperaban con un chancho entero y varias garrafas de vino para el deleite de nuestros paladares.
Comimos y tomamos como los reyes que somos. Tanto así, que en agradecimiento, el Gonza sacó de postre unos cucumelos y con un poco de miel para todos. Pero como eran casi puros viejos culiaos casi nadie quiso y al final el mismo Gonza se comió casi todos las hueás.
Recuerdo como si fuese ayer, verlo bailando con una vieja que medía casi un metro veinte, le agarraba el poto y le pasaba las piernas por encima de la cabeza y después saludaba a toda la gente como si hubiese practicado algún deporte olímpico, a lo Tomás González. La gente se reia harto de el y gracias al mágico encanto de las cumbias rancheras. Se desplomó como costal de tubérculos.
No le dimos los primeros auxilios porque siempre nos hacía ese tipo de bromas, pero cuando cachamos que estaba ahí en el suelo todo meado. Decidimos tomarlo con el Pato y llevarlo a su casa. Lo agarré de las patas y el Pato hizo lo propio de los brazos.
Como pudimos lo sacamos de la casa y caminamos hasta el puente. Ahí no sabíamos como mi**da pasar porque el tronco era tan delgado que cabía una persona a la vez y ni cagando íbamos a poder pasar con el otro hueón en su deplorable estado.
Como hombres sabios que éramos, decidimos pasar igual no más. ¿Qué cosa mala podría salir mal? A fin de cuentas, solo estábamos curados y algo drogados con hongos alucinógenos. Nada podría malir sal.
Si mi memoria no me falla fueron 4 pasos los que pude dar antes de resbalarme, soltar al Gonza y verme nadando para tratar de salir del riguero.
Hasta se me pasó la curadera del puro susto. Salí como pude y el Pato todavía chapoteaba para salvarse, lo ayudé a salir con una rama y nos inspeccionamos para ver que tan magullados estábamos:
- La media cagadita pato conchetumare, te dije afirmalo bien
- ¡Vos lo soltaste guatón culiao! Por tu culpa me caí
- ¿Oye y el Gonza a que hora sale?
- Ese borracho culiao que salga solo hueón, siempre hay que salvarle la raja
Una vez terminado ese dialogo, nos acordamos que nuestro nunca bien ponderado amigo, estaba inconsciente y nos pusimos a buscarlo.
Después de mucho rato de intensa búsqueda, lo encontramos abrazado a una roca, musitando la frase:
“Estuve a 5 minutos de culiarme a la vieja chica y ustedes me llevaban pa la casa, maricones culiaos”