16/09/2026
Después de una infusión, solemos desecharlas. Pero en distintos contextos se han reutilizado de otra manera: sobre la piel, el rostro y el cabello.
En Japón, las hojas usadas reciben el nombre de chagara (茶殻) y su reutilización forma parte de una tradición más amplia de aprovechamiento de los restos del té.
Y esta práctica tiene un punto de encuentro con la investigación cosmética.
Los extractos de Camellia sinensis han sido estudiados para aplicaciones tópicas sobre la piel. Las investigaciones han observado, entre otras cosas, la interacción de sus polifenoles con procesos relacionados con oxidación, sebo y respuesta cutánea.
En cosmética también existen formulaciones con té verde destinadas al cuidado de la piel y el cabello. Incluso se ha investigado la aplicación tópica de extractos sobre la fibra capilar y el comportamiento de sus catequinas frente a determinados factores ambientales.
Y aparece una molécula particularmente interesante: EGCG, una de las principales catequinas del té verde.
En estudios experimentales, la EGCG aplicada a modelos de folículos humanos mostró efectos sobre el crecimiento folicular y sobre células de la papila dérmica. Es investigación ex vivo y celular: no significa que aplicar hojas de té en el cabello produzca ese mismo efecto.
Entonces aparece una pregunta mucho más interesante:
¿Qué queda realmente en una hoja después de preparar una taza?
Porque una hoja usada ya liberó parte de sus compuestos al agua, pero no necesariamente todos. La investigación sobre hojas residuales de té explora precisamente su composición y sus posibilidades de reutilización, incluida la cosmética.
Así, una hoja que parecía haber terminado su recorrido puede convertirse en el comienzo de otra historia:
taza → hoja usada → piel → cabello → cosmética → investigación.
No se trata de convertir una práctica en una promesa.
Se trata de mirar esa hoja con otros ojos.
🍃 ¿Tú qué haces con las hojas después de preparar tu té?