29/12/2020
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El restorán ubicado en Calle Errázuriz por más de cuatro décadas, a estas alturas, se ha transformado en un ícono de la bohemia local, famoso por sus enjundiosas cazuelas y por su atención de trasnoche.
Este 2020 lo ha golpeado fuertemente -como a muchos otros del rubro- , y producto de la pandemia, ha debido ingeniárselas para no bajar la cortina. Ahora, diurno y “para llevar”. “No ha sido fácil, estamos prácticamente sobreviviendo”, señala su propietario.
Picada obligada a la hora de reponer el cuerpo y el ánimo. Más de 40 años de trayectoria, que por esta indeseada crisis sanitaria, casi llegan a su fin. No obstante, Sabino Martin hijo, actual propietario, se niega a echar por tierra todo lo que su padre fundó con tanto esfuerzo y cariño. “Ha sido muy difícil mantener el negocio. El toque de queda del estallido social fue breve el año pasado, pero a nosotros nos pareció como si fueran meses, ya que funcionábamos solamente de noche. Después vino lo que nunca imaginamos, esta pandemia por la cual tuvimos que cerrar durante cinco meses”, indica.
-Si no es indiscreción, ¿cómo lograron “parar la olla” esos cinco meses sin funcionar?
“Usted sabe que el que guarda siempre tiene. Uno se iba manteniendo con esos ahorros, pero eso ya va desapareciendo. Igual sé que hay ayuda para la gente, pero nosotros no nos mantuvimos por nuestra propia cuenta durante esos largos cinco meses. En estos momentos estoy con mi hija trabajando, ella me ayuda porque está tan mala la situación que no da para tener personal. Estamos practicante sobreviviendo nomás”.
-En la fase de desconfinamiento tuvieron que cambiar la noche por el día para poder trabajar. ¿Cómo fue ese paso y cómo anduvo el negocio?
“Fue un cambio brusco, porque en este negocio llevamos casi 40 años trabajando de noche y la clientela estaba acostumbrada a ese horario de trasnoche. El 13 de agosto abrimos el negocio, esperamos un mes para que se normalizara un poco más la situación. Nuestros clientes nos apoyaron, pero hasta ese momento trabajábamos a media máquina hasta fines de septiembre.
Igual llegó gente y no se olvidaron de nosotros. Los clientes que venían de noche se reían porque decían ‘primera vez que vengo de día al local’. Un mes y un poquito más alcanzamos a atender y la gente venían a comer cazuelas, pero claro, mermó la clientela en un 50 por ciento. Estuvimos a media marcha”...
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