02/07/2026
Hay maletas que no llevan ropa.
Llevan la voz de mamá llamando a comer,
el café de la mañana,
la lluvia golpeando el techo de la infancia,
las risas que quedaron viviendo en una calle
que hoy solo podemos recorrer en destrucción.
Ser migrante
es aprender que el hogar
no siempre tiene una dirección.
A veces es un acento.
Una arepa compartida.
Una canción que rompe el silencio.
Un abrazo que huele a Venezuela.
Un llanto que rompe el alma
Nos fuimos buscando oportunidades,
pero también dejamos pedazos del alma
esperando volver algún día a un aeropuerto
que se quedó en pedazos y no por estructuras,
si no por los que ya no podrán abordar nisiquiera en sueño.
Y mientras el calendario avanza,
descubrimos que la vida nos enseñó
a valorar lo que antes del Doblete parecía pequeño.
Una llamada que termina con un "cuídate".
Una videollamada donde todos sonríen
aunque alguno lloren al contar su tragedia.
Un cumpleaños que se celebraba a la distancia.
Una oración hecha al mismo cielo,
aunque en países diferentes.
Quizá nunca imaginamos
que perder tanto
nos enseñaría a agradecer más.
Hoy entendemos
que la riqueza no siempre cabe en una cuenta bancaria por qué ya los números de desaparecidos no dan.
También vive
en una mesa sencilla,
en el pan compartido,
en los vecinos que se vuelven familia a través de una tragedia,
en la paz que solo Dios puede regalar.
Migrar también fue aprender
que podemos empezar de nuevo
sin olvidar de dónde venimos.
Que nuestras raíces
no quedaron atrapadas en la tierra.
Viajan con nosotros.
Florecen donde haya amor,
trabajo honesto
y un corazón dispuesto a servir.
Y aunque duela mirar atrás y lo que hoy vivimos,
no queremos vivir prisioneros de la nostalgia.
Queremos construir.
Sembrar.
Abrazar.
Levantar a otros como un día alguien nos levantó.
Porque amamos a Venezuela
no solo cuando la extrañamos,
sino también cuando honramos sus valores
en cualquier rincón del mundo.
Algún día volveremos...
Quizá con los pies.
Quizá solo con los recuerdos.
Pero siempre con el mismo amor.
Hasta entonces,
seguiremos creyendo
que Dios también camina con los que parten,
abraza a los que esperan
y nunca deja