Fueron pocos los que no escucharon de sus andanzas en las tierras sureñas. Era respetado, por varios temido, y por muchos admirado. Fue ladrón desde siempre, aprendido entre lecherías y plantaciones de trigo, pero con un corazón noble y gozador, que heredó de su abuela materna. Ella le dio el único palmazo de su vida, el día en que lo pilló con su primer botín de leche recién ordeñada, robada de a
lgún rincón del pueblo. Palmazo que no olvidó nunca y que llevó siempre en su cabeza, por ser egoísta, tal como le dijo su mama. Desde ese día robó y compartió. Y se hizo conocido entre los jaraneros por las memorables fiestas que organizaba, con los botines que conseguía. Bravo Cabrera lo llamaban, porque si quería comer debía ser en grande: era bravo cuando buscaba el mejor animal que robar y bravo al momento de gozarlo. Bravo Cabrera lo llamaban y la tierra temblaba cuando decía: "Venga preparado para el patache, la tomatón y el bailongo". Frente al lago Llanquihue y con la majestuosa vista del volcán Osorno, nuestros comensales disfrutan de una cocina rústica, que destaca los productos y las técnicas de cocción auténticas del sur de Chile. Además encuentran variadas cervezas nacionales, artesanales y extranjeras, y una gran carta de vinos con más de 60 etiquetas, para complementar una excelente experiencia gastronómica. En un ambiente acogedor, si gusta frente a la chimenea, podrá disfrutar de un servicio amable y preocupado de que coma muy bien y se lleve el mejor recuerdo, tal como lo hacía Bravo Cabrera.