12/10/2015
Vicente caminaba con su cachaba por las sierras puntanas. Pasó frente a una capilla solitaria y llegó al final del camino. Allí vio un árbol y una oración tallada en la madera: Tu que pasas y levantas contra mí tu brazo, antes de hacerme mal, mírame bien. Yo soy el calor de tu hogar en las noches frías de invierno, soy la sombra amiga que te protege contra el sol estival, mis frutos sacían tu hambre y calman tu sed. Yo soy la viga que soporta el techo de tu casa, la tabla de tu mesa, la cama en que descansas, soy el mango de tus herramientas, las puertas de tu hogar. Cuando naces tengo madera para tu cuna, cuando mueres, en forma de ataud, aun te acompaño al seno de la tierra. Yo soy pan de bondad y flor de belleza. Si me amas como merezco defiéndeme de los insensatos.
Desde aquella cumbre en Merlo, en la que alguien dejó una historia, Vicente Casimiro Uruñuela Somalo quiso que llegara a Wilde. Hoy, su hija la mantiene viva, junto a la memoria de su padre.