04/06/2026
Desayunar en la terminal
Hay algo que te despierta antes que el café: el ruido de valijas con rueditas, el parlante anunciando el coche a Sierra de la Ventana, y el olor a medialunas recalentadas. Desayunar en la terminal de Pigüé es arrancar el día con el pueblo todavía en pantuflas.
Te sentás en la barra de madera junto al ventanal. Afuera, la escarcha de junio todavía no se anima a irse. Adentro, el pocillo humea y el tostado hace ruido cuando lo mordés. La tele pasa Crónica sin volumen. El kiosquero te cobra con cambio justo y te pregunta si hoy también sale para Bahía.
En la mesa de al lado, dos choferes discuten de fútbol y comparten el diario. Una señora espera con un bolso tejido, pide té con limón y lo enfría soplando despacito. Vos mirás el reloj grande de la pared: tenés 20 minutos antes que el micro toque bocina.
Desayunar en la terminal no es gourmet. Es un café que te quema un poco, servilletas finitas y el ritual de ver gente que llega y se va. Es empezar el día sabiendo que acá, aunque sea de paso, Pigüé te ofrece un lugar calentito.
¿Vos qué pedís cuando te toca? ¿Medialuna de manteca o el clásico tostado con queso?