31/10/2014
Huertas urbanas, la revolución silenciosa 31/10/2014 | Disminuyen la huella ecológica, reducen la pobreza, contribuyen a la seguridad alimentaria y nutricional, proporcionan productos no tradicionales (como medicinas o especias), reciclan desechos (compost) y eliminan terrenos baldíos. Acercan al productor y consumidor, por ende bajan los precios.
La agricultura urbana y peri-urbana permite maximizar la producción de diversos productos agropecuarios (especialmente hortalizas y frutas frescas) en espacios no utilizados en las ciudades y sus alrededores. Esto puede disminuir la huella ecológica, aminorar la pobreza (generando recursos y empleo), contribuir a la seguridad alimentaria y nutricional, proporcionar productos no tradicionales (como medicinas o especias), reciclar desechos (para la nutrición de plantas y animales) y eliminar terrenos baldíos que podrían terminar como basureros. Asimismo, permite reducir la distancia entre productores y consumidores y consecuentemente bajar precios y solucionar problemas de desabastecimiento.
Una investigación realizada por la Fundación Británica de Nutrición determina que actualmente los niños saben poco del origen de los alimentos, y aunque es un estudio desarrollado en el Reino Unido, posiblemente es lo que ocurre en mayor o menor medida en cualquier país industrializado del mundo. Algunos ejemplos son bastante evidentes y un grupo de niños llega a creer que el pan, el vino y la pasta (macarrones, tallarines, etc.) se obtienen de los animales.
Si al desconocimiento de los más jóvenes añadimos que las tradiciones agrícolas en la ciudad se pierden cada vez más, que la alimentación es una de las cinco categorías: alimentación, vivienda, transporte, bienes de consumo y servicios, que contribuyen al incremento de la Huella Ecológica, debemos poner los huertos urbanos en el lugar que se merecen. Huyen de la corriente productivista, se pueden encuadrar dentro del movimiento Slow Food, defienden la agricultura de proximidad y ecológica y, según la FAO, "proporcionan alimentos frescos, generan empleo, reciclan residuos urbanos, crean cinturones verdes, y fortalecen la resiliencia de las ciudades frente al cambio climático".
La Agricultura Urbana según el Catedrático de la Universidad Politécnica de Madrid, Julián Briz, no es una moda, viene para quedarse, es la "revolución silenciosa". La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, FAO, define la agricultura urbana y periurbana (AUP) como "el cultivo de plantas y la cría de animales en el interior y en los alrededores de las ciudades. La agricultura urbana y periurbana proporciona productos alimentarios de distintos tipos de cultivos (granos, raíces, hortalizas, hongos, frutas), animales (aves, conejos, cabras, ovejas, ganado vacuno, cerdos, cobayas, pescado, etc.) así como productos no alimentarios (plantas aromáticas y medicinales, plantas ornamentales, productos de los árboles). La agricultura urbana y periurbana (AUP) incluye la silvicultura —para producir frutas y leña—, y la acuicultura a pequeña escala".
Revisión histórica
Para entender el papel actual de la agricultura urbana, debemos hacer una revisión histórica de sus funciones y características en la ciudad occidental, estudiando los motivos de su implantación, su sentido, evolución y potencialidades. Según la arquitecta urbanista, Nerea Morán Alonso y el Doctor Arquitecto por la Universidad Politécnica de Madrid, Agustín Hernández Aja, en su artículo "Historia de los huertos urbanos. De los huertos para pobres a los programas de agricultura urbana ecológica", "los momentos de mayor auge de la agricultura urbana están ligados a crisis económicas y energéticas, que obligan a recurrir a ella para asegurar el autoabastecimiento". Pablo Llobera de la Red de Huertos Urbanos de Madrid (RHUCM) en su artículo "La horticultura urbana comunitaria en Madrid: una realidad social emergente", coincide y señala que "el fantasma de la dependencia agrícola de las ciudades, conjurado en tiempos de bonanza económica, reaparece cíclicamente en los tiempos de crisis".
La agricultura urbana germinó en los inicios de la ciudad industrial del siglo XIX, al cumplir funciones de subsistencia, higiene y control social. En países como Gran Bretaña, Alemania o Francia las autoridades locales y las grandes fábricas se vieron obligadas a ofrecer terrenos a los trabajadores para completar sus recursos y mejorar las condiciones de vida en los barrios obreros.
Los Huertos para pobres (poor gardens), surgidos en la ciudad industrial del XIX y principios del XX, cumplían básicamente funciones de subsistencia, salud y estabilidad social, y se concebían como elementos que aliviasen las condiciones de hacinamiento, insalubridad y falta de recursos en los barrios obreros. Comenta el portavoz de RHUCM que la primera asociación de hortelanos surgió en 1864 en Leipzig.
En Gran Bretaña las primeras leyes (Allotments Act, 1887 y 1908) que regulan los huertos obligaron a iglesia y autoridades locales a proporcionar a los obreros terrenos para el cultivo. Sin embargo se establecen distintas medidas para evitar que los huertos se conviertan en una alternativa al trabajo asalariado, controlando el tamaño, el tiempo de dedicación y prohibiendo la venta de la producción, que sólo podrá destinarse al autoconsumo.
A raíz de la depresión económica de 1893, el alcalde de Detroit ofrece terrenos vacantes a los desempleados, para que puedan cultivar sus alimentos, estos terrenos fueron conocidos como potato patchs (parcelas de patatas) y la iniciativa fue replicada en otras ciudades. Se recurrió nuevamente a esta medida en la Gran Depresión (1929-1935), periodo en el que se denominaron relief gardens (huertos de emergencia).
La misma coyuntura de precariedad social sirve de contexto a la aparición de los huertos para pobres en otros países. Así, los Jardines de la victoria, también llamados jardines de la guerra o jardines de alimentos para la defensa, actuaron también como precursores de los actuales huertos urbanos. Eran auténticos huertos de vegetales, frutas y hierbas aromáticas y medicinales plantadas en las residencias privadas o en parques públicos en las ciudades más importantes del Reino Unido, Estados Unidos y Canadá durante la Primera y la Segunda Guerra Mundial. Se utilizaban para suministrar de alimentos a las ciudades en los periodos de escased por falta de suministros y como "potenciador moral" que fomentaba el patriotismo entre la población civil. Con el fin de concienciar y educar a los ciudadanos en el cultivo de huertos de guerra se realizan boletines educativos, programas de radio y películas formativas, en los que se explica cómo preparar los terrenos y cultivar, cómo alimentar a cerdos o gallinas con restos de la cocina, o las mejores recetas para aprovechar al máximo los alimentos…
Responder al sistema
A partir de 1960 y 1970, en un momento en el que la crisis de la energía y la recesión económica se dejan sentir, especialmente en los barrios de bajos recursos de las ciudades occidentales, vuelven a resurgir los huertos urbanos, pero la razón no es tanto la necesidad de alimentos, sino la necesidad de responder al sistema. Están impulsados por los movimientos ecologistas que buscan una forma de autogestión, la integración de grupos sociales excluidos y el desarrollo de comunidades. En estos años nace en Nueva York la que se conocería como Green Guerrilla, que ocupaba solares para aprovecharlos como huertos.
Sus primeras acciones fueron el "bombardeo" de solares abandonados con bombas de semillas para llamar la atención sobre estos espacios y embellecerlos. El siguiente paso fue ocupar solares para cultivarlos. El éxito de este movimiento fue tal que el ayuntamiento llegó a crear una Agencia Municipal que gestionaba la cesión de terrenos públicos para jardines y huertos comunitarios. En la actualidad existen 700 jardines comunitarios en los diferentes distritos de Nueva York, y por todo el país numerosos grupos trabajan en una red a escala nacional.
Desde finales de los sesenta el movimiento contracultural desarrolla en Norteamérica prácticas de autogestión innovadoras. Como referencia destaca el People’s park de California, un proyecto comunitario desarrollado en unos terrenos abandonados propiedad de la Universidad de Berkeley.
En la década de los setenta también en Europa arraiga la filosofía ecologista y los principios de la autogestión, y se organizan iniciativas similares. En Gran Bretaña el movimiento de Granjas Urbanas y Jardines Comunitarios (City Farms and Community Gardens) surge en estos años y desarrolla proyectos no sólo de huertos sino también de cría de animales de granja y caballos en entornos urbanos, incorporando una fuerte carga de educación ambiental a través de actividades orientadas a los niños, como talleres o teatro.
Se calcula que en el mundo actualmente hay 800 millones de personas involucradas en agricultura urbana de las cuales unos 60 millones son latinoamericanas. En Argentina existen en la actualidad 800 huertos comunales que apoyan directamente a 10.000 familias beneficiando a un total de 40.000 personas. En Caracas hay 4.000 microhuertos. El programa Hambre Cero brasileño apuesta por la agricultura urbana como una de sus estrategias. La ciudad de La Habana produce hasta 300 g de hortalizas diarios por habitante en un 12% de su superficie.
En cuanto a la situación europea, Polonia es el país con más metros cuadrados de agricultura urbana por habitante (25,4 parcelas/1.000 hab.), seguido de Eslovaquia (16,3) y Alemania (12,3). España, a pesar del crecimiento experimentado en los últimos años se encuentra muy lejos de estos valores con 0,3 parcelas/1.000 hab.
En Europa según el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (UNEP), cerca del 72 por ciento de todos los hogares urbanos en la Federación de Rusia cultivan alimentos. Berlín, por su lado, tiene más de 80.000 agricultores urbanos. El Club de Horticultura Urbana de San Petersburgo se ha hecho famoso por su promoción de horticultura en los techos. Su investigación muestra que en sólo un distrito (San Petersburgo tiene 12) es posible cultivar 2.000 toneladas de vegetales por temporada en 500 techos. Se cultivan muchos tipos de hortalizas, como rábanos, lechugas, cebollas, pepinos, tomates, col, guisantes, remolachas, alubias y flores. Se fomenta el cultivo de endibia para ensaladas como fuente de vitaminas en el invierno. La horticultura en los techos se ha convertido en algo popular.
Fuente: Es Posible