15/08/2023
Queridos
Leí un relato de Sofía Lorenz y su esposo Carlos Ponti
Era así, Él le decía: Sofía no llores por lo que nos han robaron, son solamente cosas, los dos venimos de familias pobres y es así no te amigues.
Ahora en mí pensamiento, es verdad; cada objeto es una cosa y muchas de esas cosas las olvidamos también, sin embargo, cada cosa fue un recuerdo un sentimiento y un dolor inmenso de una cicatriz que nunca se cierra cuando una madre pierde los hijos.
La verdad es que a mí no se me han perdido cosas….me da pena decirlo así, diría robada, diría extraviada, diría paciencia porque hay recuerdos que están tan adentro del corazón como recoger rosas en el invierno nevado. Los sentimientos están en el alma, en la piel de uno sobre todo cuando las cicatrices están y jamás se olvidan.
Es el dolor de los que se van tan jóvenes que no pudieron realizar sus sueños y también de los seres queridos. La vida está hecha así, cómo nubes que en un momento desaparecen. También del sonreír, mirar el cielo diáfano y bueno después tormentas inesperadas.
Buen humor y alegría una sola cosa puede dar tanto al ser humano. Sin embargo, cuando se van y no pisan más la calle, que no mira el cielo y no reciben más un abrazo es diferente.
Cualquier objeto de nada, dá ternura mirarlo y recordar porque también las cosas tienen recuerdos más de los que ya no están más con nosotros.
Sinceramente yo tenía guardada hace más de medio siglo una cajita, de muy poco valor, pero adentro también había algo de valor, sin embargo, me apene no por lo que había adentro, me apene porque esa cajita celeste era de mis dos hijos que ya no pisan calles, yo la quería muchísimo porque era la cajita de sus secretos, de fotos de escritos y luego fue del otro.
Lo cuento así porque tenía algo de valor, muy poco y desapareció se extravío todavía no sé cómo fue, solo tenía una cajita de metal, color celeste que siempre la solía mirar y en mí alma me entraba sueños, sonrisas, me llenaba de ternura el recordarlos, en verdad no era nada esa cajita, me llenaba de ternura de momentos breves, pero hermosos, de abrazos de palabras, contenía corazones y almas. Bueno, en conclusión, alguien se la tiene que haber llevado, sin embargo, es algo que no le pertenecía, me quedo el recuerdo y me digo, esas manos que yo pensaba que eran honestas me desilusionaron no importa porque los hijos que se van, reciben nuestros rezos, reciben nuestra ternura y ese amor que nadie podrá matar. De su despertar en la vida que Dios bendiga a todos los seres humanos que atienden a los ancianos con paciencia, con la luz pequeñita, la de un fosforo porque otra vez somos niños y necesitamos de una sonrisa para subsistir. (En la vida no todo es dinero)
Un abrazo queridos amigos.