11/07/2026
Llegué a Formosa en junio de 1998, cuando el frío se metía en las calles y las mañanas parecían más largas. Venía con sueños simples, trabajo en las manos y una receta que guardaba como un tesoro: la de los cubanitos artesanales.
Al principio, todo era pequeño. Una cocina encendida antes del amanecer, el sonido de la masa dorándose lentamente y el aroma de la vainilla, el azúcar y la canela mezclándose con el aire helado de la ciudad. Poco a poco, ese perfume empezó a recorrer las calles de Formosa. Había quienes seguían el olor sin saber exactamente qué buscaban, hasta encontrarse con un cubanito recién hecho, tibio y crocante.
Cada cubanito llevaba algo más que ingredientes. Llevaba horas de esfuerzo, recetas cuidadas con paciencia y el deseo de compartir un sabor que abrazara a las personas en los días fríos y también en los días felices. Con el tiempo, esos sabores comenzaron a formar parte de reuniones familiares, meriendas, festejos y recuerdos.
Así, desde aquel invierno de 1998, la ciudad comenzó a endulzarse. Y entre el aroma de la vainilla, el azúcar y la canela, nació una historia hecha a mano, una historia que todavía hoy sigue creciendo en cada cubanito artesanal.......