05/01/2026
D E S E R T O R
Estoy sorprendido. Hoy renunciaste y te fuiste como un ingrato. No me avisaste que ya tenías la inquietud de irte, no me diste la oportunidad de contratar a alguien más y capacitarlo; no renunciaste como un caballero, ofreciéndote a capacitar a la persona que fuera a entrar en tu lugar, tomaste una decisión y no pensaste en tus compañeros ni en mí.
Tú sabes que la cocina va a sufrir un desequilibrio con tu salida intempestiva, tú mismo has sufrido eso cuando un compañero tuyo falta. De repente tenías que doblar tu turno, tenías que hacer funciones que originalmente no te correspondían y a la hora del servicio sufrías enormemente por el exceso de trabajo, pero parece que se te olvidó y fallaste en encontrar las lecciones detrás de esas experiencias.
¿Ya no te acuerdas que cuando llegaste no eras bueno ni para pelar un pepino? ¿Ya se te olvidó que te dije que si te esforzabas me iba a encargar de enseñarte la profesión? ¿Ya se te olvidó que te lo cumplí? ¿Se te olvidó también que jamás se atrasaba un pago tuyo a pesar de que vivimos crisis económicas y que nosotros, tus jefes, dejábamos de recibir dinero o incluso a veces lo perdíamos, pero sin importar cómo, fieles a nuestro deber, conseguíamos el recurso para que a ti y a tu familia no les faltara nunca?
En serio, ¿ya se te olvidó? ¿Te acuerdas cuántas veces me pediste un préstamo de dinero y que yo intercedía por ti ante la compañía para que puedas recibirlo? ¿Ya se te olvidó cómo te avalé ante la dirección? ¿Ya se te olvidaron las veces que de mi cartera salía ese dinero que te apuraba en el momento?
Me gusta que te haya surgido una nueva oportunidad, te lo aplaudo y estoy contento de que ahora vas a tener un puesto mejor al que yo te pude ofrecer, vas a recibir más recursos con los cuales alimentar a tu familia y eso es bueno. Tú has visto, cuando otros compañeros tuyos salen por esa misma causa generalmente hasta los despedimos con abrazos y vítores.
Para mí, el saber que alguien de mi equipo es reconocido como un profesional capaz, y que por ello recibe una buena oferta, es motivo de orgullo. Pero tú te vas así nomás, sin decir ni “agua va”. De un día para otro te marchas, y por la forma en que lo haces las puertas de mi cocina se te cerraron para siempre.
Que la necesidad no te convierta en traidor, era un tema recurrente, que hoy se te olvidó por completo, dejando la profesionalidad y compañerismo de lado.
La ingratitud como forma decadente de estar en el mundo
"La gratitud no sólo es la mayor de las virtudes, sino que es la madre de todas las demás".
Supo ser un bien moral común entre nuestros antepasados, pero hoy es una joya despreciada e infravalorada, pese a su tremenda escasez. Hoy quisiera invitarlos a reflexionar sobre un aspecto lamentablemente tan común en la cotidianidad de las interacciones humanas, a saber, la ingratitud como forma de vida naturalizada por una sociedad cada vez más mezquina y frívola. Se trata evidentemente de un vicio lamentable que podría definirse como la falta de reconocimiento, reciprocidad y agradecimiento hacia gestos de generosidad o de buena educación recibidos por otros.
El precitado comportamiento nos ha empujado permanentemente a erosionar las relaciones interpersonales al mismo tiempo que ha soslayado profundamente el tejido moral de las sociedades en las que hasta hace muy pocas décadas, lejos de ser un lujo de pocos, la gratitud era la moneda corriente de la "normalidad", tan detestada por las éticas líquidas posmo progres afrancesadas. En este breve artículo trataremos de explorar el concepto, su etimología y brindaremos algunas reflexiones sobre su impacto en la moralidad y la convivencia humana.
Bien sabemos que el vocablo "ingrato" proviene del latín ingratitudo, compuesto por el prefijo in (que denota "negación", "ausencia" o "carencia") y gratitudo (gratitud, gratuidad). Evidentemente, este término latino deriva de gratus, que significa "agradable", "grato" o "agradecido". Vista así, desde el simple análisis etimológico, la ingratitud es la ausencia de agradecimiento o la falta de reconocimiento hacia un favor recibido gratuitamente, a cambio de nada más que un sencillo "gracias".
Describimos a la ingratitud como uno de los vicios más despreciables, argumentando que se trata lisa y llanamente de un acto de injusticia que viola la reciprocidad fundamental y necesaria para el correcto desenvolvimiento de las relaciones humanas. Entonces, la gratitud sería esencial para mantener la cohesión social mientras que la ingratitud es una amenaza directa que amenaza con deshilachar el tejido moral de cualquier comunidad.
"La ingratitud es la abominación de las almas viles; el hombre agradecido es uno de los mejores frutos de la nobleza humana"
Como podemos apreciar, la gratitud es un concepto profundamente ligado a la filosofía estoica, escuela de pensamiento propia de la antigua Grecia y Roma que reivindicaba el valor precitado no sólo como una virtud, sino como una herramienta crucial para alcanzar la tranquilidad y la felicidad en una vida con sentido. Particularmente, Marco Aurelio, uno de sus más destacados exponentes, dedicó parte considerable de sus reflexiones a este asunto, ofreciéndonos un contraste notable con la ética imperante actual, dominada por el individualismo y la atomización social.
Destacamos la importancia de la gratitud como un medio necesario para cultivar la sabiduría y la fortaleza interior. Sostieniendo que al levantarnos por la mañana, deberíamos pensar en el precioso privilegio de estar vivos, de respirar, de poder pensar, de tener la capacidad de disfrutar y de amar. Lejos de ser una típica frase motivacional de coaching ontológico de hipermercado de autoayudas, lo que estamos queriendo indicar es que esta simple pero profunda práctica de reflexión sobre las "bendiciones" cotidianas que no apreciamos, es una manera clave de enfocar la mente en lo que realmente importa y de desarrollar una actitud de agradecimiento fundamental para la serenidad necesaria de una mente que necesita pensar (como bien sabemos, con hambre y ruido, es difícil pensar).
"Recibe sin arrogancia, deja ir sin apego".
Ya en la modernidad, las emociones y las costumbres son fundamentales para una moralidad que apunte a la paz social. El rol que jugaría la ingratitud es atentar contra las normas que nos unen en igualdad de condiciones ante la ley mientras que deteriora la esperanza de vivir entre personas civilizadas, simbolizada en la reciprocidad. La gratitud es una respuesta natural a la benevolencia mientras que su contraparte, la ingratitud, es una afrenta directa a los sentimientos humanos nobles y la común unión de los ciudadanos.
"La ingratitud es un defecto que los seres humanos condenan porque rompe los lazos de la sociedad, del trabajo y la amistad"
La ingratitud es básicamente inmoral porque no puede ser universalizada como una ley moral. Que iluso, con tan solo apreciar que esta presuposición era más un deseo que una proposición asertiva. Recordemos que un lilósofo alemán Kant, postuló un imperativo categórico, el cuál dictaba que uno debe actuar según aquellas máximas que pueden convertirse en una ley universal (en criollo, señor, señora, no le haga a los demás lo que a Ud. no le gustaría que le hagan). Pues bien, la ingratitud, al no poder ser universalizada sin que ello implique socavar el principio mismo de la moralidad, se consideraba moralmente incorrecta.
"Actúa de tal manera que trates a la humanidad, tanto en tu persona como en la persona de cualquier otro, siempre al mismo tiempo como un fin, y nunca simplemente como un medio"
La pista kantiana, aunque desactualizada y carente de sentido, puesto que su deseo claramente nunca se llegó a concretar, nos da una pauta bastante clara para entender por qué hoy es tan común y está tan bien vista la ingratitud: contrariamente al postulado de Kant, pareciera ser que en tiempos posmo-progresistas líquidos las acciones, gestos y apoyos de las personas radican en la consideración de ver a los demás como medios para fines, y no como fines en sí mismos. Cuando sucede esta degeneración moral, la humanidad deja de considerar la gratuidad del gesto y comienza a darle valor solamente a aquello que le pueda servir para sus fines particulares en el marco de una ética establecida con firmeza en la individualidad de un sujeto patéticamente frívolo, vacío y egoísta.
Tal vez usted se pregunte ¿qué tiene que ver el egoísmo con la gratitud? Pues bien, no se me ocurre una práctica de humildad y reconocimiento de la interdependencia humana (del "otro") más importante que la gratitud. Siguiendo el hilo, es preciso reconocer que "todos estamos trabajando juntos para un mismo fin, algunos con conocimiento y otros sin saberlo". Esta perspectiva nos recuerda que nuestras vidas están profundamente entrelazadas y que debemos estar agradecidos por las contribuciones de los demás por dos motivos sencillos: primero, no somos, ninguno de nosotros, cien por ciento autosuficientes y segundo porque absolutamente nadie llega a ningún lado en este mundo sin el apoyo de los demás (nuestros antepasados, nuestros padres, nuestros vecinos, amigos, compañeros, etc).
Dar las gracias forma parte de nuestro día a día. Agradecemos como muestra de cortesía cuando un compañero de trabajo nos trae un café, nos ayuda a terminar una tarea o nos echa una mano para solucionar un problema. Nos enseña a trabajar, a resistor, a no claudicar. Nos da las pautas necesarias para tener disciplina, calidad y rapidez.
Dar las gracias es sinónimo de educación y respeto. Sin embargo, lo cierto es que la mayor parte de las veces lo hacemos de manera automática, sin ser realmente conscientes de lo que significa experimentar una auténtica y profunda gratitud.
Y es que la gratitud va mucho más allá de agradecer a los demás de manera cordial por sus acciones, es una pieza clave en nuestra satisfacción personal y profesional que nos permite adoptar una perspectiva diferente, más centrada en el aquí y el ahora, focalizada en lo que tenemos en lugar de en lo que nos falta. Sin duda, se trata de un recurso realmente inspirador que no solo resulta beneficioso para quien lo recibe sino también para quien lo expresa.
Martin Holownia Cocinero Profesional