05/31/2025
No sé en qué rincón de la vida quedarán estas palabras, si algún día las leerás, pero necesito soltarlas, porque si no las escribo, me van a pesar para siempre.
No te amé con el corazón, porque el corazón es un órgano cansado, vulnerable, que late por costumbre y no siempre por sentir. A tí te amé con algo mucho más profundo, con esa parte de mí que ni el tiempo ni la distancia pueden tocar. Te amé con el alma, esa que no se ve, que no se mide, que no envejece y que no olvida.
Desde que llegaste a mi vida, supe que no eras una casualidad, eras de esas presencias que no se cruzan dos veces. Eras luz cuando yo solo conocía sombras, eras calma cuando mi mundo era puro ruido, eras hogar en un universo que siempre me pareció frío y ajeno.
No te amé por costumbre ni por necesidad, te amé porque eras la única que logró desnudar mi alma sin tocar mi piel. Y eso... eso no lo hace cualquiera.
Hoy me toca despedirme, aunque ni siquiera sé cómo hacerlo.
¿Cómo se despide uno de algo que se lleva adentro?
¿Cómo se suelta a quien nunca fue una persona, sino un lugar donde uno quería quedarse a vivir?
Te dejo ir no por falta de amor, sino porque entendí que amar de verdad a veces significa soltar, aunque cada parte de uno quiera quedarse aferrada.
Porque aunque duele, aprendí que el amor no es jaula, es vuelo, y tus alas merecen volar tan alto como tus sueños, aunque ya no sea conmigo.
Me quedo con cada instante, cada mirada, cada silencio cómodo que compartimos. Me quedo con lo que nunca se dijo, pero que ambos sentimos. Me quedo con la certeza de que fuiste real, aunque hoy parezca una historia que la vida decidió terminar antes de tiempo.
No voy a odiarte, no voy a olvidarte, porque lo que se ama con el alma no se borra, no se entierra, no se reemplaza. Solo se aprende a convivir con su ausencia.
Así que si alguna vez sientes que alguien piensa en ti cuando el mundo se pone en silencio, cuando el viento sopla distinto, o cuando el atardecer parece detenerse un segundo más... seré yo, amándote en secreto, desde lejos, desde siempre.
Ésta no es una despedida cualquiera, es la aceptación de que te llevaré conmigo hasta el último de mis días.
Créditos al Autor