20/05/2026
En el corazón del turbulento Periodo de Amarna (1353–1336 a. C.), una figura silenciosa aparece entre relieves y escenas de familia: Meketatón, la hija del faraón Akenatón y Nefertiti. Nacida hacia 1350 a. C., creció en la nueva capital fundada por su padre en pleno desierto egipcio: Ajetatón (hoy Amarna). Fue testigo de un acontecimiento único en la historia del Nilo: por primera vez, el Estado egipcio declaró que solo un dios debía brillar sobre todos los demás —el disco solar Atón— desplazando al antiguo panteón.
Mientras se cerraban templos y se levantaban santuarios abiertos al sol, Meketatón caminaba entre patios iluminados por la luz directa del amanecer. Su vida fue breve —murió siendo aún adolescente, por una epidemia- y fue sepultada en la necrópolis real de Amarna. A través de ella intuimos la intimidad de una familia real que creyó servir a un único dios… y el eco de una fe que nació y desapareció en apenas una generación, borrada tras la muerte de Akenatón y el retorno de los antiguos dioses.